Afrenta al Estado en Ceuta

PUNTADAS CON HILO

Publicado: 08 ago 2026 - 09:40
Cruz Roja y la organización Sur Sur reparten alimentos básicos en Ceuta.
Cruz Roja y la organización Sur Sur reparten alimentos básicos en Ceuta.

La mayor afrenta al Estado que está cometiendo el sanchismo es decir que los servicios de inteligencia españoles no se enteraron de los movimientos previos a la invasión de Ceuta por los marroquíes. Si el ministro del Interior, de forma contumaz, asegura que los servicios de inteligencia españoles no informaron de que se estaba preparando una entrada masiva de inmigrantes en Ceuta, es lo mismo que afirmar que son unos servicios de información inútiles, que no saben cumplir con su función, que están de más, que tienen unos mandos incompetentes, que no tiene ni inteligencia, ni formación ni cualificación. Es afirmar que somos un país indefenso ante las conspiraciones de nuestros vecinos; un país que no cuenta con los medios básicos imprescindibles de un Estado integrado en la Unión Europea. Eso es lo que afirma nada menos que el ministro del Interior español, sin que haya sido desmentido por el presidente, quien ha preferido irse de vacaciones.

Es más, la persistencia de Marlaska en la mentira de que no hubo ninguna notificación de inteligencia es casi una traición del Gobierno a las instituciones del Estado que tienen esa función en España; los del CNI, de la Guardia Civil, del Ejército o de la Policía Nacional.

¿Cómo no iban a alertar los servicios oficiales que tienen los mejores medios, los mejores profesionales, la mejor tecnología?

Si todo lo que afirma Marlaska fuese cierto, tendría que haberse producido un auténtico terremoto en cada una de las sedes de los distintos servicios de información españoles. Tendrían que haber sido cesados de forma fulminante todos sus responsables, uno detrás de otro. El primero en irse debería ser el propio ministro del Interior, seguido por la ministra de Defensa y todos los responsables de esos departamentos de inteligencia. Si eso no sucede es que no han fallado. Es que Malaska miente.

Y eso es lo que ha querido decir la ministra de Defensa, Margarita Robles, cuando aseguró rotundamente que todas esas instituciones habían cumplido con su deber, que habían hecho su trabajo a la perfección. Si han cumplido con su deber, es que han elaborado los informes oportunos, que dieron las alertas en su momento por los indicios que se estaban mostrando, que hicieron las llamadas necesarias a sus superiores en el momento adecuado para poder tomar medidas. Si incluso hubo emisoras de radio que informaron de la aglomeración de miles de jóvenes marroquíes acercándose a Ceuta cuando los primeros cientos de ellos llegaban a nado. Y expertos seguidores de las redes sociales detectaron con mucha anticipación la maniobra de invasión a Ceuta. ¿Como no iban a enterarse o no dar información los servicios españoles de inteligencia? ¿Cómo no iban a alertar los servicios oficiales que tienen los mejores medios, los mejores profesionales, la mejor tecnología?

Otra cosa es que los responsables de estas agencias hayan recibido la orden de ponerse de perfil, de no insistir, de no elaborar informes alarmantes o negativos como intentaron con la UCO. Todo eso se sabrá convenientemente.

Los ciudadanos resolviendo la crisis

Un supermercado cierra sus puertas en Ceuta.
Un supermercado cierra sus puertas en Ceuta.

La crisis de la invasión de Ceuta se resolvió gracias a la reacción inmediata de la ciudadanía de aquella provincia autónoma. Desde el primer momento impidieron que los jóvenes encontraran alimentos ni ropa ni posibilidad alguna de continuar con su intentona. No fue la acción del Gobierno. No fue necesario llegar a acuerdos diplomáticos, los mismos invasores consideraron que era mejor volverse que pasar hambre y se fueron marchando.

Los ceutíes blindaron las puertas de los supermercados, de las tiendes de víveres, de las panaderías, de todo aquel establecimiento que pudiera resolver las necesidades de los invasores. Cerraron las casas y los portales para que no pudieran entrar, para que no encontraran el más mínimo refugio que les ayudara a permanecer en la ciudad. Los propios ciudadanos dejaron de salir a la calle por la inseguridad que se había producido al duplicarse el número de habitantes de Ceuta. Ni ellos podían comprar alimentos.

Se creó un clima de rechazo. Todos aquellos que no tenían ninguna necesidad de emigrar a España o Europa fueron los primeros en abandonar su aventura y volvieron a casa. Pero no fue la diplomacia española ni la astucia de Sánchez. El Gobierno sólo considero necesario poner una barrera de boyas. Eso fue todo.

Y ahora, como no sabe qué hacer, desata la polémica sobre si las comunidades autónomas van a acoger a los menores o no, si van a ser solidarias o no, si va a crear un conflicto con Vox y el PP. Cuando aún no saben cuantos menores continúan a Ceuta, en qué condiciones están, si deben volver con sus familias o no. Nuevamente han tenido que ser los ciudadanos de Ceuta los primeros en elaborar un censo real de los menores que malviven escondidos por la ciudad. El Gobierno sólo está para hacer oposición.

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