Luis Carlos de la Peña
CAMPO DO DESAFÍO
El territorio común
CAMPO DO DESAFÍO
En mi optimismo inveterado tiendo a pensar que los países, las regiones, las capitales de provincia y hasta los territorios mínimos ligados al curso de un río, responden a algún tipo de inteligencia planificadora. Tranquiliza a mi razón pensar que la voluntad humana ha escogido un lugar y no otro para asentar una comunidad primigenia y que, andando el tiempo, esas y otras agrupaciones civilizatorias fueron capaces de relacionarse y establecer todo tipo de normas reguladoras para su convivencia. De esta suma de acuerdos y visiones compartidas que, para entendernos y sin atragantarnos, podemos llamar “política”, han surgido las comunidades avanzadas que hoy conocemos, caracterizadas por los intercambios incesantes, las comunicaciones, unas instituciones eficientes y hasta la competencia, sea por los capitales inversores, las infraestructuras o la atracción y retención de los mejores talentos.
Por ir a lo concreto, leo que los empresarios del norte portugués observan con atención las posibilidades que se abren, a esta beira del Miño, en la Plataforma Logística e Industrial de Salvaterra-As Neves, la PLISAN. Si durante décadas el norte luso ha captado el interés de numerosas empresas gallegas y del entorno de Vigo en particular, se estima que el 50% de las instaladas allí tendrían este origen, pudiera ahora ocurrir que el suelo dispuesto, hasta 400 hectáreas, el equivalente a 800 campos de fútbol, compense la diferencia salarial entre ambas orillas. Las buenas comunicaciones terrestres por autovía con la meseta y el ferrocarril, la proximidad al puerto de Vigo y su aeropuerto, son atractivos capaces de revertir aquella tendencia.
La pujanza económica que de manera sostenida se observa en la costa y sur de Pontevedra debiera ser un acicate para que, desde Ourense, se desplegara un pensamiento estratégico capaz de acelerar la integración del territorio común.
Se ha señalado la conveniencia de trabajar en la mayor integración de Ourense y Vigo, y donde la PLISAN ocupa una posición de bisagra entre ambas áreas metropolitanas. El ensimismamiento de Ourense, tanto en el plano institucional y político como en el económico, demográfico o cultural, retrasará lo que está en la naturaleza de las cosas, pero no impedirá que el eje del Miño sea lo que ha sido siempre: un camino de conexión entre el interior y el litoral y a la inversa. La pujanza económica que de manera sostenida se observa en la costa y sur de Pontevedra debiera ser un acicate para que, desde Ourense, se desplegara un pensamiento estratégico capaz de acelerar la integración del territorio común. En este sentido, duele el desinterés de sus élites para mejorar la conexión ferroviaria con Vigo en la línea del Miño.
La colaboración política e institucional a todos los niveles, la empresa y la sociedad civil son los agentes impulsores para la planificación. Ourense puede esperar a que tiren de ella y sus recursos cuando lo consideren necesario, o bien evaluar las oportunidades, examinar sus potencialidades y ponerlas a trabajar en un impulso propio e ilusionante.
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