Xaime Calviño
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El Diccionario de la Real Academia Española tiene la misericordia de definir al boquirroto, como fácil en hablar, pero cuando el pueblo llama a alguien boquirroto, quiere decir que habla demasiado y que, en la abundancia, puede caer en la desmesura y en el insulto.
Naturalmente, como sucede en todo los grupos, hay boquirrotos de muy diferente categoría. La ministra de Hacienda, por ejemplo, candidata a presidir la Junta de Andalucía, es una boquirrota que yo denomino “palomitas de maíz”. Se trata de esa especie que, cuando rompe a hablar, las palabras surgen a potentes borbotones, exactamente igual que cuando las semillas de maíz se calientan, se expanden y se salen de la olla. Cuando la escucho, tengo la impresión de que algunas de las palabras se deben caer al suelo, y no me explico que nadie las recoja.
Estoy convencido de que AENA tiene derecho a subir las tarifas, y Ryanair a evitar líneas que no le sean rentables, pero no es normal que el presidente de una empresa tan importante descienda en los comunicados a la táctica del boquirroto
Luego está la especie del boquirroto tabernario, que abunda mucho en los bares de barriada. Un ejemplo palmario es el ministro de Transportes, que confunde la ironía con el insulto, y la gracieta con la injuria. Tampoco podemos olvidar al boquirroto verborreico, cuya facundia le invita a envolverse y adornarse en el mismo asunto, como esos toreros que se emborrachan de dar derechazos, y terminan por tocarle el lomo al toro. Un paradigma es el ministro de Casi Todo, señor Bolaños. Bueno, pues ahora, en el ministerio de Transportes, ha aparecido el boquirroto del comunicado, representado por el presidente de AENA, que en la polémica que mantiene con Ryanair, ha denominado a la compañía “extorsionadora”, o sea, chantajista, que es el adjetivo menos castellano, pero que se entiende antes.
Don Mauricio Lucena es un socialista catalán que tiene una sólida formación como economista, pero que siempre ha estado en las empresas públicas, donde las negociaciones no son la labor habitual como sucede en las empresas privadas. Bueno, trabajó algún tiempo en una empresa privada, en el despacho de abogados de Carlos Solchaga, pero no creo que la entrevista personal fuera muy dura. Estoy convencido de que AENA tiene derecho a subir las tarifas, y Ryanair a evitar líneas que no le sean rentables, pero no es normal que el presidente de una empresa tan importante descienda en los comunicados a la táctica del boquirroto.
El señor Lucena -que ocupó cargos muy importantes en otras empresas, de la mano de Carme Chacón- por muy profunda que sea su circunstancia de pertenecer al PSC, no creo que el rendimiento de pleitesía de Salvador Illa hacia el Cobarde Prófugo haya infundido en su ánimo hasta el punto de pasarse al bando de los boquirrotos.
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