Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Portero de noche
El Miércoles de Ceniza comenzaba la Iglesia el camino cuaresmal. Una vez más la oportunidad de una peregrinación interior hacia Jesucristo, rostro visible de la misericordia del Padre para todos los creyentes.
La Cuaresma es un tiempo, para intensificar la oración y la penitencia y para abrir el corazón a la voluntad de Dios. En esta cuarentena, si se vive a fondo, supone un recorrido, un itinerario espiritual que irá preparando para vivir el gran misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, ante todo mediante la escucha atenta de la Palabra de Dios, la práctica de la caridad con los más necesitados y el cuidado de toda la realidad creada.
Precisamente, para la vivencia personal y comunitaria de la cuaresma de este año, el Papa Francisco, ofrece algunas orientación recordando el hecho de que, una vez rota la comunión con Dios, se ha dañado de tal forma la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en que están llamados a vivir, que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gen. 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto y a no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás.
Se celebra hoy el primer domingo de Cuaresma y el Evangelio dice que el Espíritu fue llevando a Jesús por el desierto durante cuarenta días. Estuvo sin comer y, al final, sintió hambre. Entonces fue tentado por el diablo.
Jesús asumió la naturaleza humana con todas sus consecuencias. Vive realmente el desierto de la prueba y el diablo intenta disuadirlo del camino que el Padre le había señalado. Las tres tentaciones ofrecen a Jesús un camino triunfalista, desde el tener, el poder y la gloria. Se trata de utilizar el milagro fácil en provecho propio. El Padre, la Palabra, ‘lo que está escrito’ le marcan a Jesús el camino del servicio, de la humildad, de la misericordia y de la entrega generosa. Acabada toda tentación, el diablo se marchó hasta otra ocasión. Entonces, Jesús comenzó a proclamar la Buena Notica del Reino.
La vivencia de la Cuaresma enseña a llevar la esperanza de Cristo a la creación, que será liberada de la esclavitud, de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Por ello sería interesante no dejar transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidiendo a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión personal y pastoral; abandonando el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirigiendo la mirada a la Pascua de Jesús; siendo prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades; compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. El Sínodo Diocesano, que estamos celebrando ha de ser para nuestra Iglesia Diocesana un despertador al respecto.
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