Xaime Calviño
LA PREGUNTA DEL DÍA
En Portada: Yago Nogueira y Lolo Pérez
Es considerado el antepasado de la máquina de escribir.
Su inventor, el norteamericano William Austin Burt (1792-1858), era agrimensor del gobierno y se desesperaba al ver a los trabajadores de las oficinas abrumados por tener que escribir a mano los documentos oficiales por triplicado.
Haciendo uso de sus conocimientos de mecánica, Burt empezó a desarrollar un aparato que pudiera aliviar todo ese trabajo. La máquina era una caja de madera que funcionaba mecánicamente presionando una palanca para que una letra con tinta entrara en contacto con el papel.
La primera carta que se mecanografió fue dirigida al que poco después sería presidente de los Estados Unidos y que en aquel momento era secretario de estado, Martin Van Buren.
El 22 de julio de 1828 el aparato fue patentado con el nombre de tipógrafo.
La patente le dio a Burt los derechos exclusivos completos de su nueva máquina de escribir durante 14 años.
Un par de años después, la máquina fue perfeccionada con el añadido de cuatro patas para poder utilizarla de pie.
No se llamó máquina de escribir hasta 1874.
El siguiente avance en la materia fue el llamado teclado qwerty, llamado así por las seis primeras letras superiores por la izquierda.
Fue diseñado y patentado por Christopher Sholes en 1868, incluido en su máquina de escribir y vendido a Remington en 1873.
La QWERTY se diseñó con el propósito de lograr que las personas escribieran más rápido distribuyendo las letras de tal forma que se pudieran usar las dos manos para escribir la mayoría de las palabras.
Otro de los objetivos principales era separar las letras más usadas de la zona central del teclado, para evitar que se atascaran las máquinas de escribir de primera generación, y aunque hoy en día no es necesario el uso primero de la bota mecánica en la maquina y la sustitución de los elementos mecánicos por electrónicos, se sigue utilizando mayoritariamente esta distribución.
Además de máquinas de escribir y ordenadores, el QWERTY se utiliza en teléfonos móviles, televisores inteligentes, cajeros automáticos y, en general, cualquier uso mecánico de texto.
De gustibus non est disputandum es un adagio en latín ocasionalmente difundido en nuestros días.
Significa sobre gustos no se disputa y su equivalente más próximo en castellano serían frases como «sobre gustos no hay nada escrito» o «para gustos hay colores».
La frase intenta subrayar la subjetividad e inutilidad de las discusiones en cuestiones de gustos personales.
Al contrario de lo que se pueda pensar, la frase no tiene origen en la Roma clásica (solía ser atribuida a Cicerón), pues en esa época esto sería un pleonasmo, por lo que se considera que la frase debió surgir durante el Edad Media o simplemente se trata de un ejemplo de latín macarrónico.
La frase en latín clásico sería de gustibus non disputandum.
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