Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
El PP vuelve a ganar... Pero el PSOE resiste
Que a estas alturas los gobiernos occidentales aun no hayamos tomado medidas sociales y judiciales de tolerancia cero con la religión musulmana (y con otras, por cierto) resulta incomprensible. ¿No éramos laicos o qué? El atentado de Niza es la enésima advertencia que nos están dando. ¿La religión no tiene nada que ver con el terrorismo? Yo creo que sí.
Al lado de mi casa hay una iglesia evangélica y más abajo otra católica, la parroquia del barrio. Capuchinos. No soy religioso y no acudo a ninguna. Conozco de vista al padre de los capuchinos que me saluda por la calle, pero nada más.
Los evangélicos me resultan repulsivos por motivos ideológicos obvios. Pero también me provocan fascinación. Los domingos los oigo cantar por el patio de manzana. Suenan como unos espirituales negros, preciosos, que me regalaran sin tener que poner un disco en el equipo. Además sus misas son muy variadas, de negros, gitanos, blancos del Este, etc. Y tienen algo gregario, como si se reunieran en función de su naturaleza o su origen cultural. Cuando hay misas de negros por ejemplo, la calle resulta fabulosa, mágica, llena de chicos y chicas guapísimas. Ellos superelegantes de traje con una biblia en la mano, y ellas con unos modelos brillantes de faralaes que harían empalidecer a la Pantoja. En Navidad suelo llevar comida, juguetes o libros a los Capuchinos y ropa a los evangélicos, pues los Capuchinos no admiten ropa.
Reconozco que tengo una relación torturada con los evangélicos, pentecostales o la tontería que sean. En realidad los aborrezco. Sus ideas acerca de muchas cosas como la libertad sexual, los derechos civiles, las mujeres, etc., me dan miedo. Por otra parte me fascina verlos a la salida de misa charlando, con sus niños alrededor, matrimonios jóvenes con un montón de críos que no dejan de jugar y corretear por la acera como duendes.
Cuando me los encuentro siempre me pregunto ¿qué será de estos niños? educados en unas creencias tan manipuladoras y falsas. ¿Se convertirán en adultos horribles como sus padres? Pero sus padres parecen buenas personas y seguramente lo son. No quiero pensar mal. No parecen horribles, aunque sé con certeza que nos matarían a usted o a mi a las primeras de cambio tan solo por lo que somos, parecemos o pensamos.
Tengo un amigo senegalés que se llama Malik. Muy majo. Le tengo cariño y él me quiere "a su manera" que diría Raphael. Malik lleva diez años en España intentando conseguir dinero para comprarse una segunda mujer. Algo difícil teniendo en cuenta que se dedica a vender cds por la calle. Eso no da mucho dinero. Malik es musulmán, claro. Por eso quiere una segunda mujer. Yo quiero a Malik, pero no se me olvida nunca cuando le doy un abrazo o me lo da él a mi que en otro contexto Malik me mataría sin pensárselo. A pedradas.
Y yo a eso sí que lo llamo "tolerancia cero".
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