La tragedia de Adamuz

TRAZADO HORIZONTAL

Análisis del accidente ferroviario. Las moralinas sobre politización no corresponden a quienes todo lo politizan.

Un técnico observa los restos del Alvia siniestrado.
Un técnico observa los restos del Alvia siniestrado. | Europa Press

En la retina de esta semana nos quedan las imágenes de la tragedia de Adamuz, con los trenes convertidos en un cementerio de hierros retorcidos y el rastro de la muerte esparcido en las vías y cunetas del desconsuelo. España es un país solidario, porque en esta catástrofe ferroviaria ha quedado demostrado de nuevo que lo mejor de nuestro país son los españoles, siempre volcados en la ayuda heroica cuando la situación lo requiere. Una vez más los reyes han vuelto a catalizar la sensibilidad del Estado con los familiares de las víctimas. Inicialmente, los políticos estuvieron a la altura, sobre todo si recordamos el uso partidista y electoral que se hizo del accidente de Angrois, la dana de Valencia o el reciente apagón. Allá cada cual con su conciencia, pero la tragedia de Adamuz nos vuelve a enseñar que la ciudadanía española está por encima de cacerías, disputas y reyertas políticas. La corriente solidaria no devuelve la confianza en eso que abstractamente se llama Estado, aunque el pueblo conforma en realidad la solvencia de los poderes públicos por encima de sus gobernantes y de cualquier otra consideración oportunista.

Una vez terminado el luto oficial, se deben buscar explicaciones a la tragedia más allá de la confluencia de fatalidades que se cruzan en un accidente como este. Desde 2022, ADIF registró 20 fallos en ese tramo ferroviario, siete de ellos tras ser renovado el pasado mes de mayo. Una incidencia en el mismo lugar del accidente se detectó en junio, con vibraciones indebidas percibidas por viajeros y los propios maquinistas. Precisamente el colectivo de maquinistas pidió rebajar la velocidad de los trenes a la altura de Adamuz por los constantes “botes en las vías”. En definitiva, el tren Iryo descarriló en un punto que venía dando problemas desde hace tiempo sin que se pusiera remedio en previsión de la tragedia. Las investigaciones preliminares apuntan a un fallo en las infraestructuras por falta de mantenimiento, aunque Puente intentó culpar inicialmente a las ruedas del Iryo. En cualquier caso, las responsabilidades políticas son evidentes, pues la oposición ya preguntó al Gobierno por varias incidencias ferroviarias en Adamuz que fueron motivo de alarma y preocupación. El mal estado de ese tramo y otros era un clamor, venciera el muro de tierra como en Cataluña o se rompiera la soldadura de las vías en Córdoba. Fallos de señalización, averías en los desvíos e incidencias en las catenarias del tramo entre Adamuz y Villanueva de Córdoba fueron una denuncia recurrente que llegó hasta el Senado en septiembre y que el ministerio dio por zanjada sin poner remedio eficaz a la vista del accidente.

Una vez terminado el luto oficial, se deben buscar explicaciones más allá de la confluencia de fatalidades

No se trata de buscar culpables ni de combatir bulos. No es cuestión de politizar o no la tragedia de Adamuz como ha hecho la izquierda con el 11-M, el chapapote, la dana, Angrois o las residencias de Madrid. Lo que procede es establecer responsabilidades ante las causas verdaderas de un accidente que ha causado tantas muertes. Quienes llamaron asesinos a Aznar, Rajoy, Mazón o Ayuso son los que ahora rechazan politizar las posibles negligencias en la tragedia de Adamuz. Las distintas administraciones actuaron con rapidez, pero el ciudadano desconfía. Sorprende la diligencia con la que Pedro Sánchez acudió a Adamuz sin esperar a los Reyes, unas prisas que no tuvo con la dana ni con el envío de la UME a Valencia. Sánchez suspendió su viaje a Davos, pero no su estancia en la India por la dana. Gobierno y Junta destacaron la coordinación y unidad del Estado, algo que no vimos en riada valenciana por razones partidistas y electoralistas. En cualquier caso, quizás es el momento de denunciar que para gestionar el ministerio de Transportes se requieren experiencia, pericia y prudencia y no el inquebrantable activismo político que habitualmente se aprecia en dicha cartera. Dada la precariedad del mantenimiento ferroviario, conviene no olvidar que Ábalos y Koldo, en la cárcel, e Isabel Pardo de Vera, imputada, no son la mejor garantía de idoneidad para gestionar el mayor presupuesto ministerial de España. Por algo se habrán duplicado los accidentes ferroviarios desde 2018.

Los segundos transcurridos desde el descarrilamiento de los 3 últimos vagones del Iryo hasta el impacto del Alvia son claves para establecer las causas del trágico accidente. No funcionó el frenado de emergencia pese a la petición del maquinista del Iryio a Adif, cuya conversación filtrada parecía destinada a generar más confusión. La indecisión ministerial en la reducción de velocidad en un tramo del AVE Madrid-Barcelona refleja dudas y pánico oficial a otros accidentes. Es pertinente, por tanto, reclamar la independencia de la Comisión de Investigación de Renfe, y devolver la credibilidad a las instituciones, porque si los maquinistas del SEMAF han convocado una huelga general será por algo. La sociedad española requiere lealtad con la ciudadanía y colaboración entre administraciones para recuperar la confianza en lo público dado el descrédito político alcanzado en los últimos tiempos. La gestión no se puede suplir con tuits, insultos, confrontación, sectarismo y falta de acierto.

El Ministerio

Óscar Puente, ministro de Transportes
Óscar Puente, ministro de Transportes | La Región

A Óscar Puente le preceden su fama más que su gestión. En su primera comparecencia la noche de la tragedia se limitó a decir que Transportes había invertido 700 millones y que se trataba de “un accidente tremendamente extraño”, lo que alentó bulos de sabotaje, como ocurrió en otras ocasiones. El lunes convocó una rueda de prensa fantasma en Adamuz que se suspendió para que Sánchez anunciara en la localidad cordobesa tres días de luto oficial y para pedir, de forma preventiva, que no se hiciera caso a los bulos. Posteriormente, Puente hizo declaraciones a distintos medios como parapeto de un Sánchez desaparecido, incluidas esas en las que atribuía la convocatoria de huelga de los maquinistas al “estado y soufflé anímico” por la muerte de 2 compañeros tras los accidentes de Cataluña y Adamuz, como si los conductores de tren no llevaran meses advirtiendo de alarmantes incidencias. Y el miércoles, tres días después, Puente compareció con los directores de tráfico de ADIF y de operaciones de RENFE para confirmar lo ya publicado por los medios tras sus bandazos sobre la reducción de velocidad a 160 Km/hora tramos del AVE de Madrid a Barcelona y Valencia.

La Junta

Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía
Juanma Moreno, presidente de la Junta de Andalucía

JuanMa Moreno prefirió una gestión pegada al terreno, con atención a las víctimas y sus familiares, y priorizando el rescate de los heridos. Compareció junto a Sánchez y el alcalde de Adamuz cuando el presidente visitó el lunes el lugar de la tragedia. Moreno llegó a Adamuz antes, la noche del accidente, pidió lealtad entre administraciones mientras Sánchez asentía detrás, y se hacía acompañar del ministro Puente y de su candidata en Andalucía, la vicepresidenta Montero, sin que el protocolo lo justificara. En la visita de los Reyes del martes al lugar de la catástrofe, JuanMa Moreno los acompañó junto a la vicepresidenta candidata, cuando lo suyo hubiera sido que fuera el presidente del Gobierno quien los acompañara como ocurrió en Valencia con la Dana en presencia de Mazón. Pero para evitar la tentación de la protesta popular y después de su huida de Paiporta, Sánchez viajó el lunes, lo cual es razonable, aunque también debió haber estado el martes junto a los Reyes. Pero prefirió dar visibilidad a Montero. La primera información in situ sobre la tragedia la facilitó la Junta, con Antonio Sanz, consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias.

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