Leonardo Lemos
LA OPINIÓN
Alegría, esperanza y sintonía
LA PUNTILLA
Un jarro de agua fría es lo que acaba arrojar la Universidad de Purdue, radicada en el estado de Indiana, que acaba de cifrar en 77.192 euros anuales lo que necesita cada español para ser feliz. Consecuencia: si se tiene en cuenta que el sueldo medio en nuestro país no alcanza los 25.000 euros anuales, dos tercios por debajo del nivel de felicidad standard, la infelicidad es completa. Así se entiende, por ejemplo, que España ocupe el puesto 41 en el ranquin de felicidad mundial. Mucho sol, muchas terrazas, cañas, paella y redes familiares, pero a la hora de la verdad resulta que el dinero sí da la felicidad y solo entre el uno y el dos por ciento de los contribuyentes logran superar esa cifra. O sea que cuando usted vaya en transporte público y a su alrededor vea caras hoscas, tristes o melancólicas no pronostique problemas de amor o de salud, sino que es porque mayoritariamente la gente es pobre, y sobre todo en Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca y Bilbao, donde la felicidad se encarece todavía más. Al ritmo de las subidas del convenio se necesitarían varias vidas para ser feliz y mientras tanto habrá que seguir viviendo en este valle de lágrimas.
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