Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Sementar, primeiro
MORRIÑA.COM
Lejos de consolidar su aspiración a liderar una cruzada mundial contra Trump, Pedro Sánchez se ha convertido definitivamente en el exponente más fiel del trumpismo español. El campeador antitrumpista ha decaído en trumpismo patrio, porque sus asombrosos parecidos así lo evidencian. Como le sucede a Trump, a Pedro el estadista no le gustan los jueces ni los medios críticos que denuncian la corrupción, de forma que hacen todo lo posible por desacreditar al Poder Judicial de forma irreverente e irresponsable, señalando a periodistas, programas y medios de comunicación que no les bailan el agua.
Tanto Trump como Sánchez encarnan el populismo más traicionero y mentiroso de la geopolítica mundial, hasta el punto de que sus polos ideológicos opuestos se tocan para confluir en una gobernanza contra la mitad del mundo y de sus respectivos países. Ambos necesitan enemigos para subsistir, para reafirmar su poder y ejercer un dominio voraz absolutista y autoritario que traspasa frecuentemente las rayas rojas del decoro, las reglas democráticas y el derecho nacional e internacional.
El Trump español y el Trump americano usan las redes y el relato como aparato de propaganda egocentrista
Obsérvese por ejemplo el asalto al Capitolio o a Ceuta durante el que hicieron dejación de funciones. O tengamos en cuenta la necesidad que ambos tienen de fracturar las sociedades estadounidense y española para polarizar, dividir y sacar rédito electoral. O pensemos en sus enemigos imaginarios a los que culpar de sus propias irresponsabilidades y fracasos de gestión, en el caso de Trump el comunismo e islamismo siderales y en el caso de Sánchez la internacional ultraderechista. Como gran logro, ambos se entienden con lo peor de cada casa, por ejemplo, Delcy Rodríguez. Para Trump es una gran aliada que ha vendido al dictador Maduro para salvarse a sí misma y ha entregado el 20 por ciento de los recursos venezolanos de petróleo a EEUU. Para Sánchez, Delcy no sólo es y fue una viajera VIP en Barajas con sus maletas repletas de cariño, sino que en la ONU vimos cómo la nueva amiga de Trump le buscó en una escena de romanticismo obsceno para dejar claro que Pedro y Delcy están en el mismo equipo bolivariano, que al parecer también es el de Donald.
El Trump español y el Trump americano usan las redes y el relato como aparato de propaganda egocentrista con el que distorsionar la realidad de sus tristes mandatos, repletos de injerencias, excesos y abusos con la intención de influir en los procesos electorales aun a costa de incumplir las reglas democráticas más básicas. Verbigracia: el populismo y la demagogia de la vivienda tras casi nueve años gobernando.
En su pasada de frenada, no descartemos que Trump convierta en nietos a todos los venezolanos y que Pedro reconozca como sobrinos a los inmigrantes ilegales de Ceuta, acampados como la extrema izquierda indignada en Sol. Todo les vale si les votan. Y lo más grave: los Trump yanki y español someten la vida pública a un deterioro y degradación de escasa transparencia democrática que pone en peligro la convivencia social y el propio sistema con la finalidad insana de perpetuarse en el poder.
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