Itxu Díaz
EL ÁLAMO
Ninguna xenofobia
Como vieja escuela de políticos curtidos en el cinismo, Inglaterra nos ha dejado lúcidas palabras acerca del pragmatismo como andamio fundamental de la política. “Inglaterra no tiene amigos, tiene intereses”. Lo dejó dicho un primer ministro, Lord Palmerston, pero bien podría haber hecho suya la frase Donald Trump a su paso por las Naciones Unidas.
Una Asamblea de la que quedarán para la historia de este convulso tiempo que nos ha tocado vivir la imagen del presidente norteamericano junto a Delcy Rodríguez, la vicedictadora que Trump mantiene al frente de Venezuela después de haber secuestrado -“extraído”- y encarcelado a Nicolás Maduro, anterior presidente del país caribeño cuyos recursos petroleros Delcy ha cedido a los Estados Unidos a resultas de un pacto que cambia petróleo por impunidad a los restantes gerifaltes -políticos y militares- que formaban la cúpula del régimen. Y contemplando la escena, a la distancia que le permite Washington, María Corina Machado, la sufrida líder de la oposición, premio nobel de la paz, a quien la Casa Blanca está impidiendo que vuelva a Venezuela para cumplir con el mandato popular que la convirtió en líder del movimiento que a través de las urnas derrotó al chavismo.
Trump descabezó la cúpula de poder de los ayatolás pero no ha podido terminar con el régimen y la guerra que mantiene abierta en el golfo Pérsico
Con Trump al frente del timón todo tiende también hacia el surrealismo. Porque surrealista resulta la presencia en Nueva York de Masoud Pezeshkian, presidente de la República Islámica de Irán, país con el que Estados Unidos está en guerra y cuyos ataques provocaron la muerte del anterior mandatario supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y parte de su familia. La Casa Blanca aprobó la entrada en el país a la delegación iraní pero se la negó a la representación de la Autoridad Palestina, que con Mahmud Abbas al frente, pretendía asistir a la Asamblea de las Naciones Unidas. Acusan a Abbas de “glorificar el terrorismo”. Sobre la negativa que impidió al líder palestino desplazarse a Nueva York se proyecta la sombra de Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí que convenció a Trump para que atacara a Irán, cuyo régimen, como es sabido, es el patrocinador del grupo terrorista Hamás.
Trump descabezó la cúpula de poder de los ayatolás pero no ha podido terminar con el régimen y la guerra que mantiene abierta en el golfo Pérsico y está creando grandes problemas a los aliados de Washington en el enclave -Arabía Saudi, Emiratos- y al propio Trump en casa. Con la opinión pública norteamericana en puertas de las elecciones de medio mandato que se celebrarán en noviembre, el interés de Trump antes de que se abran las urnas es poner fin a la guerra... y proclamar que la ha ganado. La política sólo son intereses.
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