Lalo Pavón
Francisco García, entre a firmeza e o pragmatismo
El ángulo inverso
Se me acerca un señor de cierta edad en la Plaza del Hierro. Va y me espeta un poco cómplice: “Mire, soy lector de sus artículos pero creo que últimamente está usted un poco blando”. Se va el hombre sonriendo y me deja pensativo. Así que este artículo va por usted, señor.
El lado oculto de la historia es que después corría hacia su hijo que la esperaba impaciente
Escribí no hace tanto de una mujer de unos 60 años que no paraba de ir de aquí para allá en las calles pidiendo: “Me van a echar del piso, ayúdenme”. El lado oculto de la historia es que después corría hacia su hijo que la esperaba impaciente. El fulano volaba al lado oscuro de la ciudad a comprar droga. La mujer desapareció de la ciudad y ayer le pregunté a un chico de la calle que es un poco mi ONG qué era de ella. Me cuenta. “La señora estaba muy vista y apenas recogía dinero. Pues mira tú, decidió irse a Santiago donde hay mucho bullicio y ahora cada día, no sé porqué método o banco, a eso de media tarde el cabronazo recibe una transferencia”.
Le dije a mi amigo qué pasa en la ciudad que hay tanto robo. Me responde: “Crece el número de drogatas, hay mucho pedigüeño y buscavidas; no sé porqué pero los tíos llegan a esta ciudad y no se van, aquí se queda todo dios. Después, ya sabes hay algunos extranjeros peligrosos, que no se cortan un pelo. Yo duermo en la calle con la mochila dentro de mi saco, bien sujeta, pues el otro día me la levantaron”.
No puedo evitar escribir sobre ellos. Hermano lector, estuvieron aquí en las fiestas de Ribadavia mis colegas los Burning. Fue un concierto muy cálido humanamente hablando. De entrada ya dijeron: “Os traemos de Madrid un saco de cariño a esta tierra tan herida este verano”.
¡Cielo santo! Imágenes recorren mi mente. A eso de medianoche llamaban a mi puerta de Piamonte 25. “Sal del cubil, Jaime, vamos a quemar la noche de Madrid”.
Bueno, dije vinieron, quizás deba decir “vino”, porque Johny Cifuentes es el único superviviente de la mítica banda. Pero suenan tan auténticos que es como si las almas de los que se fueron empujaran al veterano teclista y cantante a un estado de gracia. Cierto que los talentosos músicos que forman parte del grupo viven el espíritu rebelde, el sino de Burning. Todo el mundo que cubría la explanada de la villa guardará este concierto tan de verdad.
Altura. Es el término en el que nos saludamos. Viene de la canción que comienza “Altura, por favor / me dice al oído mi viejo amigo el Noguerol”. La canción habla de que con altura volverás a creer sólo en ti / rozarás la verdad y la locura / volverás a creer sólo en ti. Altura también es luchar contra la claudicación y no arrastrarse en una existencia aburrida y oscura.
Cierto, sus canciones tienen versos escritos en el barro. Por ejemplo, en el tema “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?”. No se puede decir con más belleza el sufrimiento de una joven. “¿Qué tienes en los ojos, nena / ya sé que alguien pisó tu orgullo en un oscuro portal”.
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