Vale, y ya

MUJERES

Publicado: 22 feb 2026 - 04:50
Opinión en La Región
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Por el mundo pululan muchos fantasmas. Los que miran, y sin mirar, los captan al instante. También hay fantasmones. Pero claro, esa visión está en la vida real, en el paso de los días. La conclusión, siempre acertada, es “este es un fantasmón”. Quien dice este, puede decir esta. Lo que pasa es que a mí me gusta mucho utilizar el genérico que todo el mundo comprende. Es lo que se llama la economía del lenguaje.

Lo que sucede es que se ha llegado a economizar tanto, que un día se va a carecer de palabras para entenderse. Los niños ya no dicen profesor, colegio, abuela, televisión. Todo se ha reducido a la mínima expresión. Tele, abu, cole, profe… Claro, y así se escapa el lenguaje y sobran los diccionarios. Esos tomos gordos que se alimentan de palabras bellas unas, ofensivas otras, pero que son la herramienta perfecta para entenderse en este mundo en el que sobran los medios de comunicación, en el que nadie escucha a nadie, y por lo tanto nadie se discierne, salvo excepciones. Es la paradoja de quien tiene un lenguaje que es un auténtico tesoro, pero que le basta con un vale, y ya.

os tacos desahogan, ayudan a deterger, hacen la vida más viva, y el lenguaje más amplío. Son algo necesario para suplir la opinión que merece alguien según el juicio de quien lo califica.

Ahora eso sí. Hay más tacos de los que figuran en esos tomos gordos. Pero es comprensible. Los tacos desahogan, ayudan a deterger, hacen la vida más viva, y el lenguaje más amplío. Son algo necesario para suplir la opinión que merece alguien según el juicio de quien lo califica. En vez de decir “fíjate, no hay derecho a lo que le hizo a su tía Gertrudis, la abandonó, le quitó el dinero y la abandonó a su suerte”. Todo ello se resuelve escuetamente con “Es un ca…”. Así, de contundente y arrojadizo. A veces se utiliza maravillosamente ese instrumento que tenemos tan a mano para que se sepa en cada momento lo que se piensa y transmite la voz. No quedan dudas de lo expuesto. Como aquel que dice, “que no hagas eso que te puedes hacer daño, por favor estate quieto, no lo tires, juega con tus juguetes, lee”. Ya en el paroxismo se suele exclamar con voz de trueno “Siéntate, co…”.

Y después del arrepentimiento por lo dicho, se siente una paz que sólo así se logra. Por lo que no hay ni bueno ni malo en la forma de expresarse, para cada caso y para cada ocasión y circunstancia, existe la palabra justa, cristalina, que llega al destinatario. También están las que nos dan a admirar la belleza, y la suerte de vivir. Dejémonos del vale, y ya.

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