Valle-Inclán en la “Atenas de Galicia”

TRIBUNA

Publicado: 17 jun 2026 - 07:10
Valle-Inclán en Ourense. Vida gallega nº 645.
Valle-Inclán en Ourense. Vida gallega nº 645.

No. Al final, la denominada, por algunos, “Atenas de Galicia”, recogió velas… Los más miopes pensaban que solo eran escritores gallegos los que escribían en la lengua del país. Xavier Bóveda, mismo, que se había amamantado de la poesía de su paisano Curros Enríquez, de Pondal o de Rosalía, no entendía como no tenía cabida entre el elenco literario de la ciudad de As Burgas por primar, sobre cualquier otro criterio, el parámetro idiomático.

Sin embargo, el celanovense, nacido en Gomesende, tan pronto llegaba a la capital de España, en 1917, encontraba, enseguida, el reconocimiento que no había hallado en el regionalismo auriense. Ayudado, por Emilio Carrere, o por Basilio Álvarez, e, incluso, aconsejado, por el mismísimo, Valle-Inclán, que le animaba a firmar con la X -de Xavier-, para darle sabor regional al nombre, pronto triunfó con poemas, como “Semblanzas de mujeres orensanas” o “Poema de los Pinos”.

El autor de “Sonatas” o del “Marqués de Bradomín”, también escribía en castellano. Unos decían que era el gallego más español; otros pensaban que era el español más gallego. Pero, en realidad, con sus barbas, con su manquedad e ingenio, era -como él mismo decía-, “como la hija que cuando se iba de viaje, abrazaba más fuerte a su madre” -Galicia-.

Otero Pedrayo y Valle-Inclán en la Plaza Mayor. Fundación Otero Pedrayo.
Otero Pedrayo y Valle-Inclán en la Plaza Mayor. Fundación Otero Pedrayo.

Desde principios del XX, Valle-Inclán había tenido una gran admiración por Filomena Dato. La poetisa ourensana había coincidido en múltiples ocasiones con él. Incluso, había presidido en su honor, en Santiago, una velada literaria, en el Círculo Jaimista de la capital de Galicia. De ahí que no resulte fácil de entender que, a pesar de lo mediática que era su figura, sin embargo, lo más cerca que hubiese estado de la ciudad de As Burgas, hubiese sido de paso…, en la estación.

El Progreso recogía la noticia. A finales de julio de 1916, después de regresar de Francia, el escritor gallego -públicamente francófano a diferencia de Baroja o de Benavente que eran germanófilos-, aprovechando que iba de camino a pasar el verano con la familia, era entrevistado en Canedo. Había regresado del país galo, después de ser invitado por el gobierno francés, con el objetivo de que observase el frente de combate de Alsacia, de los Vosgos y de la Champaña. Después de comunicarle a Le Temps, las impresiones de lo visto sobre el terreno -afirmaba en la estación de ferrocarril de Ourense-, venía dispuesto a comentarlo también en El Imparcial.

Finalizada la I Guerra Mundial se fue a México. Al año siguiente de volver de aquellas tierras americanas, en España, se instauraba el Directorio militar. Él arremete, duramente, contra la dictadura de Primo de Rivera, y sus exabruptos verbales, lo llevaron a la cárcel. Lo cierto es que desde muy joven ni su particular estilo, ni su apariencia física, ni sus zarpazos, por lo general, lo hicieron pasar desapercibido; y, todavía menos en los Cafés de la capital de España. La forma de defender las opiniones con vehemencia, a menudo, le provocó disgustos. Fue, precisamente, en una de las discusiones acaloradas, cuando Manuel Bueno, un literato rival coetáneo, le dio un bastonazo en el brazo izquierdo, provocándole una herida que se gangrenó. De aquel golpe, se quedó manco. El desgraciado incidente lo resolvieron con un pacto de no agresión. Manuel Bueno, pasado el tiempo, se adscribía a la dictadura, mientras que Valle-Inclán con su antidinastismo implacable, se convertía en uno de los demoledores de la monarquía Alfonsina. Y, visto que el jaimismo carecía de posibilidades reales de éxito, no solo vio con alivio, la marcha de la monarquía borbónica, sino que, además, celebró la llegada de la República.

Con su hija en A Coruña. Foto Blanco 1935.
Con su hija en A Coruña. Foto Blanco 1935.

Mientras Otero Pedrayo o Castelao eran candidatos en las elecciones al Congreso por el partido Nacionalista Republicano, él lo hacía por la formación radical de Lerroux. Con todo, a pesar de ser rivales políticos, en esta ocasión, no se dejaron llevar por el señuelo del idioma. Con la nueva forma de gobierno, se derribaron los muros como si hubiesen sido de cartón-piedra. El propio Ramón Mª del Valle-Inclán, mismo, debilitado ya por la enfermedad, tres meses antes de fallecer, decidía visitar Ourense, en compañía de dos grandes amigos, Alonso Cuevillas -jefe supremo del Cuerpo de Abogados del Estado-, y Arias Sanjurjo -publicista monfortino-. En aquella tournée también estuvieron presentes Otero Pedrayo y López Cuevillas que lo guiaron por los lugares más emblemáticos de la ciudad. La Galicia novelada de Valle Inclán y la novela gallega de Otero, se daban la mano en la “Atenas de Galicia”.

La víspera de Reyes de 1936, el escritor ourensano, junto a Castelao, volvía a verlo el mismo día del fatal desenlace. Las instituciones y las personalidades del ámbito cultural, lo consideraron honra de las letras nacionales y orgullo de Galicia. Incluso, Manuel Bueno, aquel intelectual que lo había dejado manco hacía treinta años, se atrevía a decir: “Valle-Inclán era el mejor prosista de su tiempo”.

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