La venganza de Puidgemont

CRÓNICA PERSONAL

Publicado: 08 oct 2026 - 06:10
Opinión en La Región
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El Carles Puigdemont que huyó de España hace nueve años no tiene nada que ver con el Puigdemont que acaba de culminar su gran éxito: regresa fortalecido. Aparenta resentimiento hacia Pedro Sánchez -aparenta, solo él sabe si es real- aunque a Sánchez le debe la amnistía, que es el precio que puso Junts para dar su apoyo parlamentario al presidente. Apoyo que se esfumó en los últimos meses, cuando Puigdemont adivinó lo que sabía todo el mundo: que el TC enmendaría la plana una vez más al Supremo, y la amnistía era cosa hecha. Todavía sin fecha, pero cosa hecha.

Es buen estratega y cuenta con el asesoramiento legal del abogado Gonzalo Boye, un hombre de polémica biografía pero que conoce bien el terreno que pisa. Fue Boye quien le aconsejó esperar antes de regresar a España tras la decisión del TC, para ver cómo respiraba Sánchez tras el adelanto electoral. En Barcelona, el juez Llarena también actuó con inteligencia: retiró de inmediato la orden internacional de busca y captura, no fuera a ser que Puigdemont se plantara en España para ser detenido y potenciara aún más su imagen de víctima de jueces politizados y perseguidores de independentistas.

No se sabe cuáles son exactamente sus proyectos. Regresar, desde luego, en cuanto lo considere conveniente. La venganza a Sánchez la perpetró al dar instrucciones a Miriam Nogueras de votar en contra de los decretos sobre vivienda, que han provocado el fracaso mayor de la historia política de Sánchez, obligado a disolver las Cortes y convocar elecciones. No se puede descartar que Puigdemont espere al resultado del 29 de noviembre para instalarse en Cataluña, dando instrucciones desde Waterloo y, quizá, con alguna aparición en la campaña electoral. Lo que sea, con tal de que nadie olvide que él, Puigdemont, ha ganado la batalla política, que Sánchez ha comido de su mano toda la legislatura, y que ha conseguido prácticamente todo lo que se había propuesto.

¿Feijóo y el PP? Todo se andará, a ver qué pasa el último domingo de noviembre. Ni le gusta Feijóo ni le gusta PP, pero en política los más distantes pueden llegar a ser compañeros de cama.

Puigdemont tuvo como interlocutores de gobierno a Santos Cerdán y Zapatero, y hoy, están donde están. Uno, en libertad condicional después de meses de prisión; ZP imputado y su imagen de referente moral destrozada. A Puigdemont ya no le interesa el sanchismo, mucho menos si no conserva el gobierno.

De gobernar Feijóo -Sánchez se lo va a poner difícil, es experto en juego sucio-, puede incluso haber diálogo entre el catalán y el gallego, aunque les separa la españolidad. Pero en asuntos económicos y sociales pueden llegar a algún tipo de entendimiento.

La venganza de Puigdemont consiste también en provocar algo que en política descoloca siempre al adversario: Sánchez no sabe qué piensa hacer el ex presidente de la Generalitat, cuándo y cómo prepara su regreso. Con una certeza: no renunciará a ser uno de los protagonistas de la campaña. Desde Cataluña o desde Waterloo.

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