Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
Ataque a "La Piedad"
CRÓNICA PERSONAL
Las informaciones sobre las trapacerías de José Luis Rodríguez Zapatero, probablemente delitos, a infinidad de españoles nos provoca una vergüenza infinita. Pero aún es mayor la vergüenza cuando el presidente actual no quiere ver lo evidente porque no le interesa verlo, y tiene la falta de respeto a los ciudadanos -tanto él como su equipo- de tratar a Zapatero como víctima de una serie de jueces y periodistas que no cumplen con las normas a las que obligan sus oficios y se dejan presionar por agentes externos.
Este miércoles, en la sesión de control de gobierno, Sánchez ha expresado su respeto por la Justicia, pero son solo palabras: llevamos muchos meses, años, en los que en el argumentario de Moncloa, que todo el Gobierno sigue a rajatabla incluido el propio Sánchez, arremeten de forma despiadada contra los jueces que investigan a personalidades del sanchismo, mientras se ensalza a los encausados como si fueran referentes de la democracia y la honradez.
Falta de pruebas, dice un Sánchez que presenta a ZP como el promotor de los cambios sociales más importantes realizados en España. Habría que decirle al jefe de Gobierno que lea detenidamente las ochenta y tantas páginas del auto del juez, no el resumen que le haya podido hacer su gabinete. Es escandaloso. En cuanto a que Zapatero acabó con ETA, como dice Sánchez, más le valdría tomar a Rubalcaba como ejemplo de cómo contar la Historia: Rubalcaba, ministro de Interior de Zapatero, explicaba que el fin de ETA se debió al trabajo implacable de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, al trabajo también implacable de jueces y fiscales que no atendían a las amenazas que habían costado la vida a compañeros y a la colaboración con Francia.
No se ponía medallas aunque las merecía como nadie. Y resulta que ahora se las pone Pedro Sánchez, que llegó a Moncloa cuando el trabajo antiterrorista ya estaba hecho y cuyas relaciones con Rubalcaba eran manifiestamente mejorables. Sí tenía razón Pedro Sánchez cuando pidió la presunción de inocencia para su compañero, asesor y amigo, Zapatero. La tiene. Pero ante tantas descalificaciones personales de Pedro Sánchez hacia aquellos que investigaban a personas de su entorno que han acabado en prisión, ante tantas mentiras, ante tanto indulto interesado, tanto oscurantismo sobre los negocios de ZP, y la inclinación de Sánchez a tomar decisiones que favorecen a los intereses del expresidente socialista, se hacen muy creíbles las indagaciones de la UDEF y las consideraciones que hace el juez Calama, profesional de prestigio por su independencia -obligada- y su trabajo minucioso.
Los tribunales decidirán si Zapatero es algo más que un imputado. Pero mientras llega esa fecha, la reacción de Sánchez y su Gobierno da pie a dar aún más credibilidad al informe del juez. Porque no encuentran más argumentos de defensa que recordar lo que hizo cuando era presidente. Y no es ese el asunto en cuestión, sino averiguar si formó parte de una trama corrupta utilizando su influencia ante el actual Gobierno.
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