Bertín en campaña

Bertín en campaña

Bertín Osborne ha entrado en campaña a lo grande: adelantando por la derecha. No se esperaba menos de él. Contrariamente a lo que les ocurre a la mayoría de mis amigos a mi Bertín siempre me cayó bien. Las ideas que puedo compartir con él se cuentan con "las manos de un dedo", pero me cae bien. El caso es que los tres candidatos de la derecha están tan desnortados últimamente que ha tenido que venir Bertín a animarlos un poco, darles jabón y aclararnos algunas cosas a los telespectadores. Ninguno de los tres podrá agradecérselo nunca lo suficiente. Yo si fuera cualquiera de ellos despediría a mi jefe de comunicación y contrataría a Bertín.

En el programa, que no tuvo desperdicio excepto quizá cuatrocientos gramos de chuletón, hubo varios momentos estelares a los que pocos han prestado atención salvo gente muy aguda, como Manuel Jabois por ejemplo. 

 Uno fue el de Santiago Abascal colocando pimientos rojos y amarillos en primer plano frente a cámara, haciendo la bandera española. Por cierto que hablando de pimientos el otro día me enteré de que los pimientos son machos y hembras. Si tienen tres lóbulos son machos, si tienen cuatro son hembras y, al igual que las centollas las hembras son mejores y más sabrosas. Toda una lección de feminismo oculto. Doy por hecho que los pimientos que tienen cuatro lóbulos en lugar de tres también serán más inteligentes ¿no? La reflexión tiene su aquel pues una pregunta que le hizo Bertín a los tres invitados fue si eran feministas. Ninguno supo responder ni sí, ni no, ni todo lo contrario.

 Otro momento glorioso fue el de Albert Rivera que apareció con una empanada (!) y le dijo a Bertín que la había hecho él mismo, porque estaba "empezando a cocinar". My God! Yo que cocino bastante bien hubiera empezado por unos huevos fritos con patatas, un filete a la plancha o algo así, más sencillito, pero Rivera quiere entrar en el complejo mundo de la restauración directamente a través de Master Chef. Ignoramos si la empanada estaba buena a pesar del cortés y anfitrionesco comentario de Bertín.

 Pablo Casado también tuvo su minuto de fama, sorprendiéndose porque Bertín tuviera una bandera de Venezuela en la nevera. Como si Venezuela fuera el lobo feroz y no un país del mundo sin más. Pero con la comida Casado estuvo más fino. Llevó un chuletón de un kilo para compartir, lo que tratándose de Bertín fue todo un acierto. Eso sí, lo volteó en la plancha pinchándolo con un tenedor, algo que da idea de que sus conocimientos de cocina son escasos.

 Pero dos cosas quedaron claras: que ninguno de los tres sabe cocinar (lo de Rivera no se lo cree nadie); y que Bertín no tiene un pelo de tonto. Por eso sabiamente dedicó un único programa a los tres juntos, cuando lo habitual es que dedique el programa entero a una sola persona.

 Estamos en campaña.