Catorce conejos

El asalto de un grupo animalista a una granja de conejos catalana hace unos días se saldó con el secuestro de catorce conejos y la muerte de unos cuantos más. 

Los conejos secuestrados siguen sin aparecer pese a las pesquisas de los Mossos. La opinión pública y el propietario de la granja, consternados, siguen esperando noticias de los secuestradores. Supongo que algo así: "Si quiere volver a ver a sus conejos deposite catorce sombreros de copa y catorce varitas mágicas en la confluencia de la Avenida Catorce y la calle Rabbit mañana a las catorce horas, después aléjese del lugar. No hable con la policía y vaya solo".

El asalto fue llevado a cabo por un grupo de cincuenta profesionales ultras animalistas, que lo perpetraron vestidos de blanco como si fueran técnicos especializados limpiando de radiación una central nuclear o un área infectada por algún virus peligroso. Y puesto que dejaron a su paso cientos de conejos muertos y solo se llevaron catorce, la operación no parece que haya sido un éxito. Para eso no hacían falta tantos marines, digo yo.

Tengo una amiga suiza que tiene una casa de verano en Pantín. Es una mujer viuda que ha tenido una vida fascinante en muchos países de África y Asia, y tiene una conversación fabulosa. Hace tiempo me contó que un día se encontró en Pantín con la hija pequeña de su vecina que paseaba un erizo atado por una pata como mascota. La niña lo había cazado en el campo (confieso que yo hice lo mismo una vez de pequeño). Mi amiga le riñó. Le dijo: ¿Has pensado que tal vez ese erizo tenga hijitos en su madriguera y por tu culpa se estarán muriendo de hambre? La niña se echó a llorar desconsoladamente, pero mi amiga es implacable y no se compadeció de ella, siguió compadeciéndose del erizo. Por fin la niña, entre mocos y lágrimas liberó al erizo. Aquella noche mi amiga recibió la visita de su vecina que fue a montarle un pollo por haber torturado psicológicamente a su nena.

Bueno, no sé si se habrán dado cuenta ustedes pero me está quedando un artículo que parece una fábula de Esopo: el conejo, el erizo, el pollo...

Yo adoro a los animales pero lógicamente me solidarizo con el granjero. El asalto fue una invasión de una propiedad privada, un robo y una masacre en toda regla. Sin embargo he leído unas declaraciones del propietario afectado en las que pone énfasis en que muchos conejitos recién nacidos han muerto ya, pues el comando se llevó entre los catorce conejos varias madres lactantes. Y ¡ah no!, por ahí no paso. Ha perdido dinero, le han causado un daño económico y personal, y se ha llevado un susto, pero que me quiera vender la moralina entristecedora de los conejitos muertos no, gracias. Él los criaba para sacrificarlos en cuanto fueran adultos.

Moraleja: el zorro tiene muchos trucos, pero el erizo solo uno.