Candela Castrillo Rivas
LETRAS CON PROPÓSITO
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La sugerencia de Pedro Sánchez de quitarse la corbata para bajar el aire acondicionado y ahorrar energía ha sido objeto de todas las chanzas posibles. A muchos les parece una frivolidad, a otros una estupidez y a otros, especialmente a la oposición, solo otro motivo para criticar al presidente.
Y sin embargo la recomendación pese a su aparente simpleza es inteligente.
Yo llevé corbata durante más de diez años. Me gustaban y las coleccionaba. Todavía conservo unas cien corbatas de lujo, aunque ya no me las pongo. En los tiempos en que me vine otra vez a Galicia en los 2000 me deshice de todos los trajes y los di a Cáritas, sin embargo me resistí a dar las corbatas porque ya digo, para mí son como una colección. Tengo corbatas de Dior, Kenzo, Paul Smith, Versace, Dolce&Gabbana, Gianfranco Ferré, Hugo Boss, Yves Saint Laurent y una larga lista de grandes marcas que incluye hasta un par de raras corbatas de Ozwald Boateng, aquel brillante y jovencísimo diseñador negro de los ochenta, compradas en su lujosa tienda de Londres de Saville Row.
La gente que nunca ha llevado corbata o solo alguna vez por obligación no la entiende. Así que para esos voy a intentar explicarla. A ver si puedo.
Dejando aparte consideraciones protocolarias o la estética y las tendencias, para gustos hay colores, una corbata es un ejercicio de diseño de confección arquitectónica y técnica extraordinario. Como un traje, un sombrero o unos zapatos. Una especie de “menos es más” de Mies Van Der Rohe. Y para entenderlo hay que deshacer una y ver cómo es por dentro.
Una corbata la forma una tela interior con forma de corbata, es como la base. Sobre ella van dobladas y cosidas otras telas más, una o dos, esas son las “entretelas”. Y rodeando ese conjunto la tela exterior que también va doblada por ambos lados. Así que al final con todo integrado, cosido y planchado, tenemos la corbata. Una pieza de tres o cuatro telas finas una sobre otra, que con las dobleces que se superponen la convierten puede que en ocho telas o más. Piensen en una pajarita de papel: es un único papel doblado docenas de veces sobre sí mismo.
Ahora viene el nudo. Hagamos por ejemplo un nudo simple. Enroscamos la corbata un par de veces sobre sí misma, hacemos un lazo y nos ajustamos ese “atadito” al cuello. Un nudo simple es pequeño y un Windsor enorme, pero en ambos casos estamos aplicando en el cuello, en un punto que controla con increíble precisión nuestro calor corporal, un apretado paquete de muchas telas superpuestas. Como un tuareg que lleva varias túnicas una sobre otra en capas para soportar las temperaturas del desierto diurnas y nocturnas. Y quienes hemos usado corbata sabemos que simplemente aflojando el nudo o ajustándolo, controlamos nuestra temperatura corporal de una forma que solo puede calificarse de mágica.
Así que la recomendación del presidente... no es tan tonta como podría parecer.
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