Opinión

¿Humor?

Opinión

¿Humor?

Yo creía que el humor, en España al menos, era lo que hacía Marcial en el siglo I después de Cristo con sus epigramas, Francisco de Quevedo en sus "Premáticas destos Reinos", o más tarde Julio Camba, Miguel Mihura o Tono hace muchos años; e incluso Gila, Tip y Coll y hasta Eugenio posteriormente. 

Hoy, por mencionar a algunos televisivos o radiofónicos más conocidos por el público actual, a mi me encantan Sergio Romero o el Gran Wyoming por ejemplo, que quizá no sepan escribir como Marcial ni como Julio Camba pero que hablan bien, nos entretienen y a mí me parecen agudos y divertidos.

Si hay un programa en televisión que me horroriza especialmente es "El Club de la Comedia". No me hace ninguna gracia. Quizá tuvo su momento hace años, cuando empezó, pero hoy se ha convertido en un café absurdo en el que se reúnen para untarse unos a otros y reírse con risas enlatadas, unos tipos que carecen de la mínima chispa o ingenio y solo bromean con historietas hechas de lugares comunes, aburridas, carentes de creatividad y eso sí, generalmente aderezadas con sal gruesa y muy aplaudidas por sus amigos.

Anabel Alonso, una chica que en principio me cae simpática, que se autodenomina actriz y ha trabajado más o menos bien (sin pasarse ¿eh?) en unas cuantas películas, obras de teatro y programas de televisión desde "Aída" hasta "Pelopicopata" y otras igualmente memorables que pasarán a los anales de la interpretación mundial, ha metido precisamente el pelo, el pico, y la pata el otro día con un comentario en Twiter impropio de ella, creo yo. Un comentario ácido y malintencionado acerca de Félix Rodríguez Pozo, el cabo primero paracaidista que se quedó enganchado en una farola en el Paseo de la Castellana de Madrid el Día de las Fuerzas Armadas. Concretamente el comentario decía: "¿Iba de farol?" ¡Qué asco, Dios mío! ¿Cuándo aprenderemos? Creo que nunca. Doy por hecho que si en lugar de un arrojado y brillante paracaidista del Ejército español hubiera sido un integrante del Circo del Sol que accidentalmente se hubiera estrellado contra el suelo, ella no hubiera hecho ningún comentario parecido y todo serían lágrimas. La verdad yo, si tuviera pasta que no la tengo, me largaría de este país ya. ¡Arturo! (me refiero a Arturo Pérez Reverte, claro), hazme un huequito en tu barco, please, que me voy contigo.

En fin, la cosa no tendría importancia si solo fuera lo que fue, una metedura de Pelopicopata, y si ella hubiera pedido disculpas a continuación. Eso hubiera estado bien. Todos metemos la pata y todos queremos que nos perdonen ¿o no?

Ya decía Quevedo, un tipo que sí tenía sentido del humor aunque bastante cruel y corrosivo: "Tres cosas, las mejores del mundo aborrecen tres géneros de gentes: la salud, los médicos; la paz, los soldados; la verdad, algunos escribanos y letrados."

Yo creo que muchos humoristas que tenemos por aquí, aborrecen el humor.