Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
La balanza del dinero
Una de las peores cosas de hacerte mayor es que pierdes la memoria. Sin ir más lejos yo mismo me he pasado hoy dos horas (en estos casos procuro no recurrir a internet) intentando acordarme del nombre de aquel imbécil encumbrado por sus méritos deportivos, indiscutibles eso sí, que fue entrenador de la selección española de fútbol y actualmente vive y trabaja en el Reino Unido. ¿Saben ustedes quién es? Bueno, no importa. Confío en que a lo largo del artículo me acuerde de su nombre. A ver.
La memoria es fascinante. Mucha gente mayor recuerda con precisión sucesos, nombres, personas, objetos y situaciones que vivieron setenta u ochenta años atrás, pero son incapaces de recordar lo que comieron hoy o si los saludó alguien por la mañana. Por eso digo que la memoria es mala como los Hermanos Mala Sombra: nos hace trampas constantemente.
Yo tengo fama entre amigos, familiares y conocidos de tener una memoria prodigiosa. Y es así en cierto sentido o lo fue, últimamente ya no tanto. Tengo una memoria efectivamente increíble, literaria y visual. Recuerdo capítulos enteros de novelas, diálogos de películas o de teatro que solo he leído o visto una vez en mi vida, aunque fuera hace años. Y también cuadros, imágenes y fotografías. Esto último se llama memoria fotográfica. Pero al mismo tiempo tengo una memoria desastrosa para las caras y los nombres. A mi me tienen que presentar a una persona cinco veces para que acabe reconociéndola y saludándola. Lo cual a lo largo de mi vida y sumándole que soy despistado me ha granjeado no pocos problemas.
–Ese amigo tuyo, Víctor, es un maleducado, lo saludé el otro día por la calle y no me contestó.
–No. No se dio cuenta, seguro –le contesta mi amigo pacientemente–, solo es que... es despistado.
Después mi amigo me lo cuenta. Por eso me sé este diálogo. Lo he escuchado muchas veces.
Otra jugarreta que nos hace la memoria es que no te acuerdas de lo que es, pero recuerdas por ejemplo que acaba en "S". Así que dices en voz alta en una reunión: ahora mismo no lo recuerdo pero acaba en "S". Y entonces, como mágicamente, de pronto alguien lo recuerda y lo dice por ti.
¡Ah, ya me he acordado del tipo del principio! Estuve barajando en la cabeza el nombre de Puigdemont pero estaba seguro de que no era él, porque sabía por esa memoria absurda que no acababa en "T", sino en "A". Era Guardiola. Pepito Guardiola. ¿Lo recuerdan? Un hombre que supongo hoy estará a favor del Brexit. Claro que su equipo, el Manchester United, es propiedad de Arabia Saudí, y los 24 millones de euros que cobra al año ese chico se los pagan esos mismos que llevan a sus señoras amortajadas por el mundo adelante. Pues ¡hala, chaval!, tú sigue poniendo a parir la democracia española, sí señor. España te roba. Arabia Saudí te paga.
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