Opinión

Niños traumatizados

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Niños traumatizados

Últimamente los cuentos infantiles de Andersen, los Grimm, etc., traumatizan a los niños parece ser. Incluso hay quien se dedica a publicar esos cuentos reescritos para no molestar las tiernas mentes de los infantes.
Como soy mayor, a mí eso me da igual, me parece algo propio de mentecatos. Pero voy a explicar lo que pienso sobre este asunto. Por si acaso.
Caperucita Roja. Cuando los cazadores abren en canal al lobo (una escena de Tarantino con ríos de sangre) para sacar de su estómago a Caperucita, a mí de niño no me importaba. No pensaba en la sangre aunque viví de crío unas cuantas matanzas gallegas del cerdo. No sé, tal vez yo estaba... inmunizado.
Blancanieves. ¡Vaya! Aquella chavala guapísima dormía con siete tipos. ¡Siete! Pequeños sí, pero ignoramos si eran pequeños en todo, e ignoramos sus capacidades amatorias. Yo creo que Gruñón habría dado un buen actor porno. Pero cuando me contaban aquel cuento no pensaba en eso. Y mucho menos en que aquellos siete tipos se estuvieran metiendo todos los días al volver de la mina una sobredosis de Viagra entre pecho y espalda. No me traumatizaba esa posibilidad. Excuso comentar lo que opino ahora de Blancanieves, porque se me echaría encima todo el MeToo. Paso.
El Gato con Botas. Este es muy bueno. Visto hoy parece un personaje creado por Tom de Finlandia con ropa de cuero superceñida, un látigo y unas botazas. Si vuelven a leer el cuento ustedes se darán cuenta enseguida de que en el fondo, en el fondo, es una historia de bondage gay.
La Cenicienta. Juro que en toda la literatura no he visto ningún personaje tan falso, torticero y manipulador como esa chica que se las da de buena y en realidad es una trepa. Lo del zapatito de cristal es de nota. Ni a Hannibal Lecter se le hubiera ocurrido una trampa así, en la que por cierto cae como una mosca el pobre e ingenuo príncipe que no se entera de nada.
La Gallina de los Huevos de Oro. Desde luego hace falta ser lerdo para tragarse semejante tontería. Dentro de una gallina como mucho habrá un huevo o dos, pero no más. No caben. El tipo que mata la gallina es un imbécil de campeonato y los que teníamos cinco años cuando nos contaban dicha historia, apenas empezada ya nos dábamos cuenta.
Los Tres Cerditos. Esto era un trío. El cuento no aclaraba la relación entre ellos. Aparentemente eran hermanos pero no se especifica. Quizá fueran solo unos amigos okupas que compartían piso para no pagar el alquiler, el gas y la luz; y el lobo fuera el casero/propietario, ¿quién sabe?
Pero el cuento infantil más bonito y uno de los pocos decentes que conozco es este de José Agustín Goytisolo: "Había una vez un lobito bueno / al que maltrataban todos los corderos."
Ya no hay duda, ahora lo sé, me traumatizaron de niño con todos aquellos putos cuentos. ¡Maldita sea!