Opinión

¡Viva el perrito piloto!

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¡Viva el perrito piloto!

Afinales de los setenta los veranos yo solía ir a menudo, bien fuera en bici o en moto, desde O Rosal donde pasaba las vacaciones hasta Baiona, Praia América o Panxón que era donde estaban mis amigos de Ourense. A fin de cuentas en O Rosal, A Guardia o Tabagón yo no conocía a casi nadie salvo a mi familia. Y mis amigos, éramos adolescentes, estaban en esos sitios donde veraneaban siempre los ourensanos. O sea, a treinta kilómetros de distancia de mi. Como un apestado, alejado de mis congéneres por imposición a tan tierna edad, yo en Tabagón o en O Rosal me sentía solo así que a la mínima me largaba en dirección oeste.

 Una vez fui no sé si en bici o en moto, no lo recuerdo, a pasar unos días en Baiona en casa de un querido amigo ourensano, Luis. Baiona entonces estaba en fiestas. Dejé la moto aparcada dentro del portal de su casa y tras saludar a los padres y hermanas de Luis, cenar, y arreglar el sitio donde iba a dormir por la noche, en un colchón en el suelo junto a la cama de mi amigo, salimos los dos de aquel precioso apartamento que tenía unas bonitas vistas al puerto, y nos fuimos de parranda por ahí.

 Baiona estaba en fiestas ya digo, y los voceros de las tómbolas de entonces en la Alameda, con sus absurdos megáfonos en mano gritaban a un volumen imposible intentando captar como fuera la atención de los viandantes: "La Chochona ha muerto, ¡Viva el Perrito Piloto!". Y lo repetían incesantemente una vez tras otra: "La Chochona ha muerto, ¡Viva el Perrito Piloto!". Nos pasamos toda la noche con aquella maldita cantinela en los oídos como si fuera la canción del verano.

 La chochona había sido el premio tombolero más importante el año anterior en las fiestas veraniegas de toda Galicia y supongo que de toda España. Una muñeca de trapo fea y absurda con unas enormes trenzas rojas hechas de gruesos cordones de algodón que doy por hecho, aunque nosotros de aquella no lo sabíamos, estaría fabricada en China. Pero aquel año la chochona había caído en desgracia y la había sustituido el elegante perrito piloto. Un peluche nuevo, gracioso y simpático, ante el que la chochona ya no tenía nada que hacer. La chochona estaba acabada. La frase la chochona ha muerto, viva el perrito piloto era algo así como el rey ha muerto, viva el rey. Sic transit gloria mundi.

 Con motivo de la próxima repetición de elecciones, que no acabamos de votar correctamente ¡qué demonios!, me he acordado de esta anécdota surrealista. Yo creo que podría estar bien que tras la noche electoral y el consabido recuento de votos la vicepresidenta Carmen Calvo salga por la tele muy circunspecta y dolida en plan Arias Navarro, pero en lugar de decir "Españoles, Franco ha muerto" diga "Españoles, la Chochona ha muerto. ¡Viva el Perrito Piloto!"