Eduardo Medrano
Motín de Esquilache
CLAVE GALICIA
Un joven talla adoquín y equipado de ciclista salido de un escaparate buscó tierra a nivel para dejarse caer aunque no iba montado en la bici. Acababa de ascender la agónica rampa que lleva al monasterio de San Xoán de Caaveiro desde Pontedeume, una pared en la que los que se castigan con el pedal sufren y el resto sube a pie, a no ser que se cuente con bicicleta eléctrica y a veces no es suficiente, como era el caso.
Al muchacho, de veintipocos años, no le dio tiempo a recuperar la verticalidad antes de que su acompañante asomase por la cuesta empujando la bicicleta, pero con aliento para sacar el móvil tan pronto el descanso del terreno le permitió soltar una mano del manillar. Uniformados en la misma tienda, su constitución sí cumplía el canon de aficionado habitual, pero la fatiga por un recorrido de 15 kilómetros desde Pontedeume corrigió la impresión. Y había llegado después del colega que negociaba con la arcada asomado en el acantilado por si no tenía más remedio que vomitar para acabar de pagar por el esfuerzo.
Ella esperó a que se recuperase sin apartar la mirada del teléfono. A la cantería heroica del cenobio o a la frondosidad desde este risco del parque natural de las Fragas do Eume, el último bosque atlántico autóctono de Europa, sólo le prestó atención para situarse en la misma posición que la fotografía que le servía de chuleta.
Cuando el chaval dio señales de que empezaba a superar el mal rato le enseñó el móvil y le señaló un lugar. “Está igual”, celebraron la coincidencia entre lo que ofrecía la pantalla y el escenario con melodía argentina. Marcaron el punto exacto en la explanada de la casa do caseiro, con las escaleras de acceso al monasterio detrás. Ella levantó la bicicleta por encima de la cabeza en gesto de triunfo mientras él, con el careto todavía desenfocado por el esfuerzo, se agachaba para conseguir una toma igual. Al segundo intento dieron por terminada la sesión. Chocaron las cinco felicitándose tras comparar con los dos móviles la imagen en las redes de algún influencer con la suya. Se subieron a las bicicletas y se marcharon quemando freno. El infarto a dos ruedas para llegar al monasterio, entrada gratuita, y te vas sin visitarlo. La vida en fotocopia.
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