Que “la vida siga igual” en un COB con filosofía propia

Publicado: 04 oct 2025 - 04:35
El cobista Martín Iglesias trata de anotar ante el Bilbao en el Pazo.
El cobista Martín Iglesias trata de anotar ante el Bilbao en el Pazo. | La Región

Canta Julio Iglesias -antes que estrella internacional, prometedor portero del Real Madrid frustrado por un accidente de tráfico- que “las obras quedan, las gentes se van / otros que vienen las continuarán / la vida sigue igual”.

Un estribillo perfecto para la nueva temporada del Club Ourense Baloncesto en la Primera FEB, la segunda división española. Como dice la canción del también promotor de la franquicia NBA Miami Heat en los 80, el COB mantiene la misma filosofía que la pasada campaña, de tan buen resultado pese a no lograr el acceso a los playoffs y dejar a su afición con un sabor agridulce.

Sí, han pasado algunos presidentes, muchos entrenadores y más jugadores en tantos años de historia. La diferencia es que, al contrario de otras épocas, el club transmite estabilidad y proyecto a largo plazo. Conscientes de la realidad, con la ambición de mejorar con paso firme aunque sea lentamente. Sin obsesionarse por un ascenso a la tierra prometida, esa ACB, a veces experiencia tan efímera como traumática.

El primer pilar de esta filosofía es el entrenador. Un Moncho López con plenos poderes y confianza, con capacidad para desarrollar variadas facetas: director de orquesta en la cancha, estadista con visión de futuro de la dirección técnica o embajador del club en el área social. Si revisamos la última etapa gloriosa del COB, esta coincidió con ocho temporadas seguidas con el mismo técnico en el banquillo, Gonzalo García de Vitoria. La estabilidad -con las lógicas dudas en los malos momentos- suele premiarse con buenos resultados.

El segundo pilar es el presidente. Algunos achacarán a Diego González Regueira su inexperiencia en el mundo profesional. A su favor, y a diferencia de muchos antecesores, su perfecto conocimiento de la provincia y de su peculiar ecosistema.

Porque González Regueira fue jugador en diversas categorías y competiciones. Ambos compartimos camiseta en un equipo de la extinta liga de empresas -tiempos en los que se respiraba baloncesto en todos los ámbitos- donde se recuperó de una lesión de rodilla.

Conoce bien los entresijos del club desde su entrada en la directiva la pasada temporada. Sabrá moverse, rodearse y confiar en gente competente. Procede del mundo empresarial, lo cual imprime seguridad a las cuentas, confiere criterio en las crisis y estímulo en la búsqueda de recursos para lograr esa utópica independencia económica. Como a sus predecesores, deseamos que la fuerza le acompañe.

¿Este COB no asusta? Tampoco suscitaba miedo el de la temporada pasada y llegó a ser el terror de la Liga. El dinero importa, sí. También los nombres, por supuesto. Pero el baloncesto todavía permite la inclusión de un factor no medible, esa magia especial que derrumba los pronósticos, desborda la teoría y transforma al pequeño en gigante.

El tercer pilar es la plantilla. Con la cual se ha repetido la proeza de mantener a tres jugadores -Romaro Gill, Rafa Lisboa, Martín Fernández- y repescar a un maduro y sobradamente preparado Isaac Vázquez. Los más viejos recordamos épocas en las que cada temporada se renovaba toda la plantilla, entrenador, logo, cantera, presidente y hasta la mascota, prolongando los fichajes hasta bien entrada la competición. Bendita estabilidad y monotonía.

Algunos afirman que dá igual a quién se renueva o se fiche, mientras Moncho López siga al mando. Porque el equipo mantendrá ese estilo atractivo que engancha a la afición. Intenso en ataque y defensa, generoso en el esfuerzo y juego colectivo. Con muchos jugadores polivalentes para diversas posiciones y funciones.

Unos que vienen otros que se van. La vida sigue igual. El año pasado, en este mismo especial, confiábamos en la progresión de Unai Mendikote, quizá en esta ocasión podamos escribir la confirmación de Martín Fernández, la agradable sorpresa del gladiador Kingsley Okanu o la consagración de Rafa Lisboa.

¿Este COB no asusta? Tampoco suscitaba miedo el de la temporada pasada y llegó a ser el terror de la Liga. El dinero importa, sí. También los nombres, por supuesto. Pero el baloncesto todavía permite la inclusión de un factor no medible, esa magia especial que derrumba los pronósticos, desborda la teoría y transforma al pequeño en gigante.

Para ello será imprescindible el cuarto pilar. Una afición que debe crecer, concibiendo el Paco Paz como una costumbre, independientemente de la victoria o derrota. El área social se ha trabajado de forma excelente. Los partidos son una fiesta y así hay que transmitirlo para despertar a una sociedad anestesiada e hipnotizada por las pantallas.

Despierte y muévase. Siempre hay porqué vivir, porqué luchar, porqué sufrir y porqué amar. Si no le gusta que su vida siga igual, apúntese al COB y prepárese para fuertes y variadas emociones.

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