Sonia Torre
¡UN CAFÉ SOLO!
Viejas fotografías
¡UN CAFÉ SOLO!
La papelera estaba en la esquina de una concurrida calle de la ciudad. Me acerqué para tirar un papel que se había quedado en el bolsillo de mi abrigo desde el pasado invierno. Al hacerlo, me llamaron la atención unos restos coloridos esparcidos en su interior. Me fijé con curiosidad y armé visualmente lo que parecían unas fotografías. Aún se distinguían unas caras sonrientes. Pensé qué habría llevado a alguien a romper esas imágenes y lanzarlas, no al cubo de basura de su casa en un arrebato íntimo, sino a una papelera impersonal en una calle cualquiera. Imaginé a alguien de cierta edad, por eso del papel, y jugué, inútilmente, a adivinar cuál era el rostro responsable de aquella ruptura simbólica con un instante que, seguramente, fue feliz. ¿Dónde las llevaba? ¿En la cartera? ¿En un bolsillo olvidado? ¿Por qué eligió la calle para deshacerse de ellas? ¿Las habría mirado con ternura o con odio antes de romperlas sin piedad? Y después de hacerlo, ¿se sintió mejor? ¿Experimentó una sensación liberadora? ¿Fue feliz o lloró de tristeza por la pérdida de aquel momento revelado?
Reflejan relaciones que se rompieron bajo el golpe de la decepción y dejaron el sabor amargo de la incomprensión ante un final nunca imaginado.
Pensé en que yo nunca he roto ninguna foto. El mayor castigo impuesto a una imagen que no deseo volver a ver ha sido esconderla en el fondo de un cajón, esperando no saber encontrarla más. Al llegar a casa me detuve en las que llevan años en las estanterías y me di cuenta de que hay muchas que hace tiempo no veo. En algunas aparecen personas que fueron importantes y que, con los años, se transformaron en grandes desconocidas, no sin antes infligir heridas, ahora ya curadas. Reflejan relaciones que se rompieron bajo el golpe de la decepción y dejaron el sabor amargo de la incomprensión ante un final nunca imaginado.
¿Por qué siguen entonces esas instantáneas ocupando el mismo lugar de siempre? ¿Por nostalgia? ¿Por intentar usar lo que fue como protección ante el doloroso naufragio que sobrevino después? ¿Por pereza o dejadez? ¿Qué sentido tiene mantener en tu casa la cara congelada de alguien que no deseas cruzarte en la calle y que quieres lejos de tu vida?
Mientras lo iba pensando, saqué varias fotografías del marco que las protegía y con una mueca involuntaria de sonrisa las fui metiendo en una bolsa de basura. Después tiré también los marcos. El vacío que dejaron me resultó tranquilizador.
¿Por qué nos empeñamos en mantener vivas partes de un pasado que nos dañó? ¿Para qué recrearnos en la añoranza de lo que fue destruido? No tenemos ninguna necesidad de permanecer anclados a algunas personas solo porque nos acompañaron en un trayecto de nuestra vida. Nada les debemos ni nada nos deben.
Basta con mantener el aprendizaje adquirido y seguir mejor equipados. Puede que por eso no me guste hacerme fotos.
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