Sergio Otamendi
CRÓNICA INTERNACIONAL
Trump ataca a Ucrania
TRAZADO HORIZONTAL
Aplaudir y vitorear a los Reyes de España se ha convertido en una muestra de unidad y reafirmación de la identidad nacional. Silbar y abuchear a Sánchez ya es un clásico del desahogo y autodefensa social ante un presidente que gobierna para menos de la mitad de los españoles y ha convertido la democracia en un régimen favorable a quienes quieren destruir la nación y sustituir la Monarquía constitucional por otra cosa que ni siquiera se parece a una República. Poder omnímodo donde todo es para la clase dominante y nunca para el pueblo verdadero, según demuestran sus corruptelas persistentes. Por eso los Reyes pueden pisar la calle con enorme popularidad y respaldo social, mientras que Sánchez no puede asomar la cabeza por su falta de empatía materializada en un evidente rechazo mayoritario que se refleja en las encuestas y elecciones de los últimos años. Sánchez lo tuvo todo a favor, tras la corrupción del PP y la traición reincidente del PNV a Rajoy, para haberse convertido en un presidente largamente duradero de no haber sido por su empeño en levantar un muro entre españoles, polarizar y confrontar desde el gerracivilismo nostálgico y vengativo, permitir y alentar la corrupción sistémica frente a la regeneración prometida, y mentir y engañar a destajo al electorado con un mandato Frankenstein sustentado deliberadamente en cesiones al chantaje societario, relato y propaganda, una estrategia más propia de sistemas autoritarios populistas que de democracias occidentales serias.
Los Reyes ejercieron la Jefatura del Estado en su visita tardía a Ceuta y Melilla que Sánchez retrasó intencionadamente para tapar su traición en Ceuta, ciudad española “violada en su integridad territorial” por Marruecos a la que el presidente sólo viajó el 31 de julio para irse de vacaciones un mes mientras que Feijóo la visitó en cinco ocasiones desde la invasión. Ahora reconoce, tras mentir al Congreso y los españoles, presencia de buques de guerra marroquíes en aguas españolas. Los Reyes han estado a la altura de las circunstancias en cada actuación de la Corona, desde la Dana a Adamuz, desde la pandemia a Ceuta y Melilla. Y sólo la cobardía de un presidente sin escrúpulos, cuyo cálculo político y electoral le convierten en el mandatario con más rechazo de la democracia junto a la joya de Zapatero, se ha visibilizado en la comparación inevitable con Felipe VI. Visita valiente y ausencia cobarde en una precampaña electoral a cara de perro por parte del sanchismo, que se juega su supervivencia en un hábitat hostil pendiente de nocivos sumarios judiciales, el juicio con jurado y el dopaje desesperado del censo con una ley de nietos hábilmente modificada bajo cuerda que el Supremo ha paralizado. Pedro trata de favorecer un resultado que le permita seguir en el PSOE y aspirar a volver a la Moncloa con la agitación de la calle, el aforamiento, sus trampas habituales, los enemigos de España, la brunete sincronizada y otro asalto masivo a Ceuta o Melilla con un Gobierno de PP-Vox.
Silbar y abuchear a Sánchez ya es un clásico del desahogo y autodefensa social
La ausencia cobarde de Sánchez en la visita real presagia una campaña electoral altamente tóxica y agresiva que el sanchismo trata de convertir en un plebiscito de impunidad y absolución tras una legislatura inmoral en la que se ha agredido al estado de derecho y se ha dinamitado la separación de poderes. Aunque no hay eslogan explícito entre Monarquía o sanchismo, todo el electorado sabe que está en juego la continuidad de la Corona y la democracia tal y como las entendemos desde la Transición. Por tanto, ese victimismo emocional al que apela el candidato Sánchez con el habitual cinismo e hipocresía alcanzará cuotas nunca vistas de aquí al 29-N, como demuestra la pillada de alquileres y desahucios a Montse Mínguez y Oscar López. Lo vemos con el uso de una anciana muerta, Maricarmen, tras ser desahuciada por una ley socialista mientras Pedro culpa a todo hijo de propietario para eludir, como siempre hace, su responsabilidad en vivienda. Lo estamos viendo con todo tipo de trucos mediáticos, políticos y jurídicos que alientan la angustia y zozobra de una España en la que se han instalado la desesperanza, la consternación y el desaliento como toda posibilidad continuista del régimen sanchista. Y aunque todos los sondeos, salvo el malversado CIS, dicen que PP y Vox sumarán mayoría, harían bien Feijóo y Abascal en no caer en las trampas de Pedro desesperado, capaz de cualquier cosa, dicen los propios socialistas, con tal de alcanzar la inmunidad de las urnas. Defensa ante las mentiras sí, pero un poco de ilusión y campaña constructiva programática más allá de promesas populistas vendrían bien para devolver la esperanza a una sociedad harta de engaños que necesita creer en un presente y un futuro limpios donde las pensiones, el bienestar y la convivencia mejoren las vidas de todos y no únicamente de la mayoría que te vota. Para eso son las elecciones, para eso vivimos en una democracia, para preservar los principios, valores y libertades de un sistema sin pervertir su propia esencia en beneficio de un presidencialismo altamente destructivo. Afortunadamente nos quedan lecciones como las de Paiporta, Ceuta y Melilla: Visitas valientes, huida y ausencia cobardes.
La número 2 electoral de Pedro, Margarita Robles, evidenció su desacuerdo con la gestión sanchista de la “violación de la integridad territorial de España” de Ceuta en sus declaraciones y comparecencias parlamentarias. No sólo sabía, como Sánchez, que el CNI había avisado con tiempo de la invasión, sino que conocía lo que ahora ha reconocido Sánchez tras la publicación de El País para desactivar mediática y judicialmente una nueva ocultación: que buques de guerra marroquíes entraron en aguas españolas durante la agresión a Ceuta. Por tanto, otra mentira probada, de la que Robles es cómplice de Sánchez, porque para eso es ministra de Defensa de España. Eso explica que haya sido compensada como número 2 de la lista electoral. Robles suele hacer la “Page-jugada”: mostrarse crítica con el sanchismo para, finalmente, acatar y asumir cada decisión de Moncloa. De paso, Sánchez se blinda y “compra” el silencio sobre Ceuta, Pegasus y otras cosillas. La juez Tardón dirá si hay materia y delito, porque Sánchez mintió negando y ocultando durante dos meses y medio una guerra híbrida impulsada por Marruecos con riesgo para la seguridad de España.
El Tribunal Supremo, presidido por Isabel Perelló, ha desmontado la última trampa del Gobierno para engordar el censo exterior con la llamada Ley de nietos de manga ancha con la que dar la nacionalidad y permitir el voto de miles de descendientes de españoles sin probar que sus antepasados salieron de España debido a la dictadura franquista. El Supremo de la progresista Perelló culpa al Ejecutivo de Sánchez del bloqueo de la suspensión cautelar por no aclarar la situación real y legal de las al menos 163.000 nacionalizados inscritos en el censo, muchos de ellos en ayuntamientos a los que no pertenecen ni constan sus antepasados, lo que pone bajo sospecha el 29-N. La modificación de la Ley fue posible gracias a una instrucción de la hermana del ministro Oscar Puente, a las órdenes del titular de Justicia Bolaños. Sánchez planeaba el amparo del Constitucional de Pumpido, que no está por la labor por riesgo de prevaricación. Ya ha recurrido algún afectado ante el Supremo de Perelló. La oposición habla abiertamente de intento de “pucherazo” pues el Alto Tribunal dice que “la constitución irregular del censo persiste”.
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