Fernando Ramos
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Esta pandemia que nos ha confinado en casa cincuenta días y lo que queda aunque el cinturón de hierro se vaya aflojando, ha servido para plantearse muchas reflexiones y para ponernos a pensar a todos, un ejercicio que no nos viene mal, para qué engañarnos. Una de las actividades que más hemos practicado en la soledad de nuestros respectivos santuarios es la de construirnos nuestros pequeños altares de héroes y villanos, donde hemos ido colocando las imágenes de nuestros santos preferidos que se alternan en estos espacios caseros, con aquellos que hemos designado como villanos, personajes a nuestra discreción que probablemente no se van a librar del sambenito por mucho que lo intenten y se empeñen en variar de conducta.
Ya sabemos por tanto, que en esta particular lista de los más queridos, los primeros puestos del escalafón están ocupados por el colectivo sanitario, los policías, los militares, los bomberos, las cajeras y cajeros de supermercado, Margarita Robles, el colectivo boticario, los camioneros y unos personajes que no debemos olvidar porque no sería justo que se nos borraran sobre todo en una sociedad como la nuestra que enseguida pierde la memoria y solo se acuerda de santa Bárbara cuando oye la tronada.
Me refiero a los perros, un heterogéneo combinado de personajes de cuatro patas y de procedencias dispares a los cuales muchos deben haber pisado con cierta frecuencia que el resto, la calle. Entre los ingeniosos mensajes que se han cruzado estos días en las redes, recuerdo aquel en el que un perro se despatarraba agotado y con la lengua fuera en un sillón de la casa: “hoy ya me han sacado a pasear dieciocho veces” decía el pobre animal sin haber recuperado todavía el resuello.
Cuando esta maldita pandemia pase y el mundo vaya recuperando paulatinamente la normalidad, habremos de poner en orden nuestro catálogo de preferencias y nuestro pliego de fobias. Tanto de un lado como del otro, hay papeles repartidos en los que vamos a coincidir muchos de nosotros. Pero, por favor, no nos olvidemos de los perros que nos han otorgado argumentos para tomar el aire y que han tenido que subir y bajar varias veces al día, aunque tuvieran malditas las ganas.
Además de Rin-tin-tin, Lassie, Snoopy, Pluto, Goofy, Reina y Golfo, Patán, Scooby y el de Baskerville, hay otros perros anónimos que también merecen gratitud eterna. Que no se nos olvide.
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