Antonio Nespereira
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Se puede vivir bien sin leer (nos)
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Este periódico conserva la pretenciosa arrogancia de publicar noticias que provoquen reflexiones sobre los más variados asuntos, inviten incluso al debate o fomenten una lectura analítica. Craso error, una vez más. Una nueva pérdida de tiempo. "Leer exige algo que hoy escasea: paciencia, silencio y atención", apuntaba hace poco un artículo de La Vanguardia. Pero lo que detecto en La Región no es tanto un problema de dedicación a la lectura de sus fieles seguidores, incluso de comprensión, sino una pertinaz reincidencia en publicar aquellos asuntos de relevancia sobre Ourense, como si a los ourensanos les importase una higa lo trascendente. Es más, se puede vivir bien sin leer (nos). Me refiero a asuntos que vayan más allá de los delirios de bragueta y tanga o de la tasación de la honestidad de los contrayentes en una boda de Gomesende, o del súbito temor que nos entraría si encargamos la custodia del maletín nuclear a la diputada del PP por Ourense, Ana Belén Vázquez. Con la ingenuidad del Cándido de Voltaire ("todo va de bien en mejor", decía Pangloss), leímos que la inversión pasa de largo sin parar en la provincia, mientras el resto de Galicia se rearma para crecer. Me contagiaré de la candidez del periódico, creeré que esto interesa a alguien, y aportaré mi punto de vista. Sostengo dos tesis trascendentes: aquí hemos llegado por nuestra consuetudinaria mala suerte y el suspenso es porque el profesor nos tiene rabia. Mala suerte porque no se amplía el suelo industrial prometido, porque el plan de urbanismo de la ciudad es del siglo pasado, porque el AVE se ha quedado en un medio para el carretaxe de gente, porque en 25 años hemos perdido más de 3.000 universitarios, porque la inversión privada es raquítica, porque la mayor parte de las apuestas proceden de capitales retornados de la emigración, porque el dinero local se guarda en bancos y no se pone a producir... ¡Mala suerte, sin duda! Pero también porque el profe nos tiene rabia pese a que nuestros representantes políticos exigen sin desmayo una apuesta por Ourense aún poniendo en juego la mamandurria del puestiño y no se les hace caso, porque los agentes sociales se plantan ante el poder pese a arriesgarse a perder la subvención que les mantiene en pie y exigen un cambio de paradigma en la provincia... ¡Nos tienen rabia! Rabia y mala suerte que A Gudiña se haya ilusionado con una mina que parece no va a dar más que disgustos, que Ourense haya tragado el tocomocho de la fábrica de coches eléctricos en Melón, el circuito de velocidad de Verín, el campus industrial de Val da Rabeda, los proyectos urbanos transformadores, la sede administrativa de la Xunta en As Lagoas... Rabia y mala suerte, nunca ineptitud y cobardía. Dicho queda, a sabiendas de que a pocos o nadie importa. A lo sumo a La Región.
Presta mucho más entrarle a la lectura de la historia de la boda de Gomesende que al relato tedioso de deberes provinciales en materia de desarrollo. Los enlaces, cuando no los contratos matrimoniales, engordan el anecdotario universal, multiplican la audiencia de las redes sociales y gestan guiones maravillosos. En Cuatro bodas y un funeral: "Charles, ¿cómo está tu novia? Ya no es mi novia. Me alegro, no sé si sabías que se la tiraba la mitad del grupo. Ahora es mi mujer." Unos amigos míos se casaron de penalti y el cura les bendijo porque "lleváis el amor por estrenar". Otra pareja, con el novio muy nervioso, fue corregida por el oficiante: "Tú no bendigas las alianzas, eso lo hago yo, tú lee más abajo". Ya Gila confesaba que tenía una tía solterona que iba a todas las bodas "y se ponía en el fondo de la iglesia y cuando el cura decía: fulanita, ¿quieres por esposo a fulanito?, ella decía: y si no lo quiere, para mí". En Gomesende se han casado dos tórtolos (o dos buitres) en medio de acusaciones de no compartir 40.000 euros e infidelidades porque ella parece que tuvo en plena ceremonia un apretón clitoridiano que sofocó en el baño con un efebo voluntario. Por el medio, claro, una suerte de reparto de papirotazos entre bandos para dar lustre al evento. Cada vez queda menos margen para el escándalo en la sociedad actual, pero sí da el asunto para unos cuantos cortes de radio patio. Fuera de eso, insisto, santiguarse lo justo. Shakespeare acuñó la frase "la política hace estraños compañeros de cama", a lo que siglos después Groucho Marx añadió que "no es la política la que hace extraños compañeros de cama, sino el matrimonio". Vale lo mismo para Gomesende que para pornográficos pactos que se sellaron en la ciudad de Ourense en 2019 y se reeditaron en el 2023. A diferencia de la boda en cuestión donde acabaron dándose una malleira, en la city hay interrupción momentánea de la convivencia. Pero eso es lo de siempre. Hoy, ¡que vivan los novios! Si sobreviven, claro.
Pero también se leen cosas que reconfortan e invitan a tararear a Serrat: "De vez en cuando la vida nos besa en la boca / y a colores se despliega como un atlas / nos pasea por las calles en volandas / y nos sentimos en buenas manos". Esperemos que el Ouff, Ourense Film Festival, cumpla expectativas. Siempre tuve la sospecha de que el certamen era tanto más importante cuanto que el gobierno de casquería del Concello de Ourense lo desdeñaba. Por unos días la ciudad tendrá un aire diferente, aunque una supuesta alfombra roja no tape el bulleiro mental imperante. Y nada, a la vuelta de unos días, el 4 de octubre, Luz Casal cerrando el festival Ou Yeah! "Por qué no vuelves amor / a colgarte de mi brazo / a decirme muy despacio / mi nombre a pleno pulmón". Se puede vivir sin leer, sin cine, sin música. Incluso sin vivir.
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Mira tú el papelón jugado por la diputada ourensana del PP y deslenguada tertuliana, Ana Belén Vázquez Blanco, expulsada del pleno del Congreso por mostrar un bote de gas pimienta. En sus constantes refriegas verbales con el ministro Marlaska dio un paso más a cuenta de lo de Ceuta y mostró un espray, considerado "un arma" por la legislación vigente. Son conocidos los métodos expeditivos de su señoría en el debate, casi siempre hay gresca cuando ella habla. El gesto de mostrar el recipiente no estuvo aseado, la verdad, y le cayeron las suyas y las del pulpo. Es lo que tiene la dimensión de las ofensas. Hay quien se escandaliza por ver un bote de gas pimienta en un escaño y ni se inmuta por el armamento verbal que se disparan muchos parlamentarios entre bandos en medio de espumantes carcajadas y fervientes aplausos. Eso sí que es tirarse gases. Mira tú.
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