Sonia Torre
UN CAFÉ SOLO
Dos mundos
VÍA DE SERVICIO
La guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra el régimen de los ayatolás iraníes, más la respuesta del Gobierno español a la Administración Trump y el debate interno sobre el no a la guerra y la posición desconcertada del PP sobre el asunto y la comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso para explicar la posición española, sin que se vote el envío de una fragata de la Armada para la defensa de Chipre, dejan en un segundo plano tanto las votaciones para la formación de Gobierno en Extremadura como la campaña electoral para las elecciones en Castilla y León, por no hablar del silencio que se cierne sobre las negociaciones entre el PP y Vox en Aragón, porque en los tres casos todo se centra en lo que hará el partido de ultraderecha... y el nivel de los resultados del PSOE, tras los dos fracasos precedente en las elecciones autonómicas celebradas.
Resulta entrañable que el PP se queje de que Vox haya votado por segunda vez en contra de la investidura de María Guardiola sumando sus votos al PSOE como si se tratara de una pinza acordada, cuando lo que está en liza son las presiones de Vox y hasta dónde está dispuesto a ceder el PP a esas pretensiones que, a la vista del discurso de la presidenta en funciones extremeña es cuestión de tiempo que acabe cediendo, porque la perspectiva de una repetición electoral a partir de dentro de dos meses no está prevista en la dirección de ninguno de los dos partidos.
Una vez más, la campaña electoral en Castilla y León ha tenido un componente nacional casi exclusivamente, porque a Vox la gobernabilidad autonómica le resbala
En las elecciones de Castilla y León del domingo 15 de marzo la mayor posibilidad es que se produzcan los resultados aventurados por el conjunto de las encuestas, con el PP como ganador de las elecciones, el PSOE en segundo lugar, y Vox con cerca del 20% de los votos. En este caso el PSOE, con el alcalde de Soria como candidato espera mantener el tipo e incluso en el mejor de sus sueños piensa en volver a ganar las elecciones, aunque un descenso de dos o tres escaños sería ya un resultado muy aceptable, y frenaría la sangría que han supuesto los resultados extremeños y aragoneses.
Una vez más, la campaña electoral en Castilla y León ha tenido un componente nacional casi exclusivamente, porque a Vox la gobernabilidad autonómica le resbala, el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco ha basado su campaña en atacar al candidato socialista, Carlos Soria como el enviado del sanchismo, y este ha intentado hacer mella recordando el desastre de la gestión de los incendios y que el PP lleva 37 años gobernando la comunidad autónoma. El resultado previsible es que el PP no alcance la mayoría absoluta de 42 escaños, y que deba negociar con Vox, que pretende crecer sobre la base de convencer a los agricultores de las maldades del pacto verde, las políticas climáticas y el acuerdo con Mercosur.
Es probable que las elecciones castellanoleonesas sirvan para clarificar la representación en las Cortes regionales, con malas perspectivas para Soria Ya y Por Ávila, que intentará conservar su escaño, los partidos cantonalista que pierden apoyos en favor de Vox, con Unión del Pueblo Leonés tratando de mantener el tipo e incluso crecer, y con un nuevo enfrentamiento divisivo en la izquierda en el que Podemos posiblemente como extraparlamentario y Sumar como único representante de la izquierda del PSOE.
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