Julián Pardinas Sanz
Una “verdad” bajo sospecha
La Vuelta ciclista acaba mañana en Madrid convertida en plataforma de la libertad de expresión; de la expresión solidaria con el drama humanitario de Gaza y la condena social de Israel. A la vista de su trompicado discurrir, se comprueba la compleja relación entre deporte y política. Que se lo digan al olimpismo de los boicoteos o a las monarquías petroleras y las ávidas federaciones deportivas, los clubes y las televisiones. Si la política viene bien pertrechada de billetes, se hace más soluble. Era la aspiración del equipo ciclista que promociona a Israel o viceversa. La realpolitik.
Los manifestantes, etapa tras etapa, han llenado los noticiarios internacionales y, de paso, amplificado el mensaje que Pedro Sánchez repite en todo tipo de foros
En las carreteras de Cataluña, de Euskadi y de Galicia, sobre todo Galicia, y ahora también en Valladolid y Madrid, se le ha dado la vuelta al calcetín. La izquierda se ha movilizado respaldada por una mayoría social que desaprueba el trato que el gobierno israelí dispensa a la población árabe de Gaza y, cuestión de tiempo, también de Cisjordania. Benjamin Netanyahu, solo un grado más molesto que Trump, ha mostrado su enfado contra Sánchez y España, sacando a relucir viejas historias de la Inquisición y la expulsión de los judíos en 1492. Sabe de lo que habla. Su padre, Ben Sión Netanyahu (Varsovia, 1910-Jerusalén, 2012), sionista que consideraba justa causa la reclamación para el Estado israelí del territorio bíblico y enemigo de todo acuerdo con los árabes palestinos, era también un experto mundial en las persecuciones de los judíos y, en particular, en los orígenes de la Inquisición. “Para entender a Bibi (Benjamin) hay que entender a su padre”, dijeron quienes podían hacerlo, en la muerte de Ben Sión. Necesitaríamos una Hanna Arendt, en la onda de Eichmann en Jerusalén, para desmontar el andamiaje del actual Estado de Israel: una mezcla asfixiante de religión, nacionalismo y xenofobia.
Los manifestantes, etapa tras etapa, han llenado los noticiarios internacionales y, de paso, amplificado el mensaje que Pedro Sánchez repite en todo tipo de foros: la crítica a Netanyahu acusándolo de genocida, el apoyo al pueblo palestino y la solución (?) de los dos Estados. Una opción política todavía no alineada exactamente con el conjunto de la UE y en divergencia ostensible con lo mantenido en la otra orilla atlántica. En todo caso, la Vuelta ciclista, un evento deportivo venido a menos por la ausencia de grandes figuras internacionales y de los tradicionales héroes locales de espíritu guerrillero, ha vivido una edición para olvidar.
En Bilbao, un periodista preguntaba a un manifestante por los incidentes en la línea de meta –final de etapa que hubo que improvisar varios kilómetros antes de la oficialmente prevista-. El interpelado, bandera palestina al hombro, contestaba socarronamente sorprendido: “¿Incidentes? No he visto incidentes. Hemos venido a protestar”. Pues eso.
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