Miguel Mosquera Paans
La gran cagada
TRIBUNA
Allá por 1979 Gordon Matthew Thomas Summer, popularmente conocido como Sting, compuso para The Police una canción metafórica sobre los efectos del amor, asociando tan especial sensación eufórica e ingrávida con la posibilidad de caminar sobre la Luna. Neil Amstrong encabeza la privilegiada lista de 12 astronautas que han paseado por nuestro satélite. En 1972, el miembro de la misión apolo XVII Eugene Cernan ha sido el último en hacerlo. De momento. Todavía emocionados por la euforia del retorno de la misión Artemis II tras su viaje a la cara oculta de la Luna, la idea de su colonización se ha convertido en un objetivo prioritario de agencias espaciales y empresas privadas.
Al interés científico se añade el afán económico. Pero los futuros selenitas habrán de enfrentarse al mayor de los desafíos: la gravedad lunar, aproximadamente una sexta parte de la terrestre. Este cambio tendría profundos efectos en el cuerpo humano, un organismo que ha evolucionado durante millones de años acostumbrado a una gravedad terrestre. Nuestros huesos, músculos, sistema cardiovascular y equilibrio dependen de esta fuerza trascendental, que sería menor en la Luna. Uno de los efectos más conocidos es la posible pérdida de la masa ósea. Sin el estimulo constante de la carga del peso corporal, nuestros huesos se descalcificarían; se volverían más endebles y frágiles, incrementando su riesgo de fracturas, un fenómeno ya constatado en los astronautas que han vivido largas temporales en la Estación Espacial Internacional (ISS), orbitando alrededor de la Tierra a unos 400 Km de distancia.
Nuestros huesos, músculos, sistema cardiovascular y equilibrio dependen de esta fuerza trascendental, que sería menor en la Luna.
Un efecto similar afectaría a nuestros músculos, porque en entornos donde resulta más fácil moverse, la masa muscular tiende a reducirse, especialmente en las piernas y en la espalda. Esto obligaría al desarrollo de programas específicos de ejercicio físico intenso y regular. Sostiene Aloysius que cualquier futura colonia lunar deberá contar con novedosos gimnasios específicos para el entrenamiento diario de sus habitantes. También se vería afectado nuestro aparato cardiovascular. En nuestro hábitat el corazón late en contra de la gravedad, intentando bombear la sangre hacia la parte superior del cuerpo. Bajo la gravedad lunar, los fluidos corporales se redistribuirían y nuestra capacidad cardiovascular se vería mermada.
Dicha readaptación vascular explica los mareos que sufren algunos astronautas en su regreso a casa. Por otra parte, el sentido del equilibrio instalado en nuestro oído interno para percibir los movimientos y la posición, podría padecer cierta desorientación adaptativa, especialmente durante los primeros días después del alunizaje. Resulta evidente que la conquista de la Luna no solo supondrá un gran reto de ingeniería, sino también un desafío biológico para los humanos.
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