Fernando Ramos
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La coincidencia del segundo pinchazo de la vacuna contra el covid con el segundo tiempo del duelo en cuartos de la Eurocopa entre Suiza y España puede ser una puñeta o una liberación. Alivio en los dos casos, tanto por completar la pauta como por el escaqueo forzoso de un tostón de dimensiones continentales. El cineasta vigués que no quiere salir en los créditos había quedado en soplar las incidencias del juego, pero se mantuvo mudo hasta el empate de Shaqiri al aprovechar la cortesía de Laporte y Pau en defensa. “Lo siento, me quedé dormido y he despertado con el gol”. En la sala habilitada para descartar reacciones severas de la vacuna sólo una mujer puso gesto de fastidio mientras el resto vigilaba la tirita del brazo.
En un bar a orillas de Expocoruña, recinto en el que se convoca a la población coruñesa, sólo el camarero y dos clientes entre una docena estuvieron atentos a la primera parte. El tempranero gol de Jordi Alba gracias a que Zakaria desvió el lanzamiento no fue correspondido con algarabía. El chaval que veía una serie en el teléfono móvil de la madre ni se giró. “Y ahora España a tocar y a tocar, aburre tanto como el Barcelona pero sin Messi”, comentó el camarero con un dulce acento caribeño. Minutos después llegó un colega del cativo pero no traía una pelota en la mano, sino un consola con dos mandos. El fútbol parece cosa de viejos. Es un aviso para el negocio. En otro garito cercano un niño pasó los últimos diez minutos del primer tiempo doblado hacia un móvil, aunque tampoco se estaba perdiendo gran cosa.
El partido o la hora de la cita sanitaria hizo que desde la cola hasta el pinchazo pasasen ocho minutos. Sumados a los quince de espera preventiva y a la fila rápida para conseguir el certificado de vacunación, dio tiempo a llegar a casa en la prórroga para ver a la selección empeñada en apuntar al portero Sommer. Suiza jugó desde el minuto 77 con diez por la expulsión de Freuler y soñaba con los penaltis. Había eliminado a Francia desde los once metros, España sumaba cinco fallos consecutivos, pero Unai Simón cerró la puerta y el pase. “Da igual el que toque porque tenemos una chorra tremenda”, zanjó el cineasta.
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