Chicho Outeiriño
DEAMBULANDO
Vilanova, a das infantas
MORRIÑA.COM
Debemos rendirnos a la realidad y admitir que escribir de la guerra en Oriente Medio, de Zapatero en la comisión Koldo, del rey sobre su regreso a España con domicilio fiscal incluido o de la trama Ábalos donde todos los gatos son “pardos a la vera” del río de fango, no es comparable al articulismo desenfrenado sobre ese hipo sin gas que es Yolanda Díaz. De verdad que la miro con buenos ojos por paisanaje, y porque en el fondo provoca ternura y compasión ante la evidencia de su incapacidad manifiesta para convertirse en lo que aparenta ser.
La pobre Yoli ha renunciado a una candidatura electoral que las izquierdas sumatorias le han negado, mientras preserva su vicesueldo y estatus gubernamental en espera de que Pedro la incluya en las listas del PSOE. Echaremos de menos sus discursos vaporosos, repletos de cursiladas comunes y vacías del mínimo sentido común. ¿Quién ayudará ahora a los españoles a sumar y a restar, a multiplicar empleo a costa de los fijos discontinuos que en realidad son parados, a apreciar un fondo de armario reñido con el comunismo de la pobreza y peleado con el rojerío pijo? Yolanda es en sí misma el espectáculo de la ignorancia cautiva hecha política, el producto de una burla a los votantes de izquierdas, el resultado de un experimento gaseoso sin sentido del ridículo. ¿Cómo van a aprender las “jóvenas” españolas a ser feministas sin sus clases de plancha y su jerga para tontas, tontos y tontes?
Debemos llorar la pena de Yoli en silencio, porque tardará décadas la España emergente en dar otra política rubia gallega como ella de justita estrechez cognitiva. Ya nada será lo mismo sin Yolanda peloteando a Sánchez mientras lo besuqueaba y agarraba por la parte trasera del cuello cual amante clandestino. El mundo no será igual sin la mujer que sentenció que Espartaco era un gran sindicalista, la ministra que pretendió adaptar las condiciones meteorológicas a los puestos de trabajo, la vicepresidenta lapsus que dijo que queda Gobierno de corrupción para rato. La “fashionaria” prêt-à-porter, doña “boutique de marca” para la progresía ciega, nos hurta de grandes momentos de gloria y ridiculez, nos priva de la divina comedia de la política escasa, nos deja huérfanos en el mundo infinito de la fachosfera.
¡Qué será de nosotros sin Yoli y su club de la comedia permanente, sin su reformita laboral, su salario mínimo y su capacidad política bajo mínimos! ¿Cuándo tendremos los españoles otra lideresa como Yolanda, tan aficionada a la pasarela y tan demagoga en sus políticas sociales? Yolanda la bella, que cifró en 100 millones de pobres una España de 46 millones de habitantes; Yolanda la atrevida, que confunde a Juana la Loca con Juana de Arco; Yolanda la profe, que hablada a los ciudadanos como si fueran niños y a los adultos como si fueran tontos. ¿Quién nos escribirá versos por primavera e improvisará discurso por peteneras?
Yolanda, ese orgullo ferrolano, referente de CCOO en Galicia, bestia negra de empresas y empresarios, estrella de la ocurrencia y la anécdota política. Yolanda, genio y figura.
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