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ANTIGÜEDADES
Hay una historia secreta detrás de cada objeto que ha sobrevivido el paso del tiempo. Razón tenía el poeta argentino Jorge Luis Borges: “¡Cuántas cosas, láminas, umbrales, atlas, copas, clavos,/nos sirven como tácitos esclavos, /ciegas y extrañamente sigilosas!/Durarán más allá de nuestro olvido; /no sabrán nunca que nos hemos ido”.
Y es que frente a la condición finita de la vida humana, un instrumento musical, una vajilla, una radio, o una máquina de escribir, permanecen y parecen contar una historia a cada curioso que se acerca a observarlos. Esto es lo que mueve y ha movido especialmente este mercado: lo raro, lo íntimo, aquello que habla de nuestra identidad y nuestro anhelo.
En Ourense, las tiendas de antigüedades, al igual que sus piezas, sobreviven, pero no en la quietud, sino en la lucha por la supervivencia emprendida por sus impulsores para que no muera un negocio que es más que un negocio; es una pasión y una forma de ver el mundo. Por suerte, esa empresarial a la que se enfrentan este tipo de comercios, tiene su válvula de escape: las compras online a través de Amazon y la producción en serie, han estandarizado determinados productos, que por más prácticos o ingeniosos que puedan resultar, para muchos con una sensibilidad resultan, “objetos sin alma”, y a la hora de hacer un regalo especial, por por motivo de un cumpleaños o un aniversario significativo, un número considerable de gente acude a estas tiendas con el propósito de hacer un presente singular.
Alguien regala un juego de vajilla, un libro exótico, o simplemente una taza para el café de las mañanas que pueda tener fácilmente un siglo. Y de estas iniciativas, vive, no a cuerpo de rey, pero sí con una modestia entusiasta, el pequeño gremio de los anticuarios de Ourense y otras ciudades de España.
Esta es mi pasión, no da para hacerse rico, pero sí te sitúa en una normalidad decente, llena de alegría
En A Cova da Meiga, barriada de O Vinteun, nos recibe José Carlos Castro Gutiérrez, anticuario cuyo negocio ha cumplido recientemente una década: “El año pasado celebramos el décimo aniversario. Fue un inicio muy humilde, con muy pocas cosas en la tienda, y poco a poco fuimos creciendo. Lo curioso es que cada artículo que compras, tiene una historia detrás. Hay gente que viene movida por el coleccionismo y que por lo general rebasa los treinta años; el otro tipo de clientes viene buscando muebles antiguos y vajilla, sobre todo para decorar casas rurales. Es un negocio muy bonito porque implica emoción, y es sobre todo impredecible, nunca sabes qué cosas hallará en un depósito, o cuáles vienen a proponerte. Yo aquí he llegado hasta a vender un reloj de péndulo, estilo imperio, de 1820. Esta es mi pasión, no da para hacerse rico, pero sí te sitúa en una normalidad decente donde el premio son grandes satisfacciones. Un anticuario por vocación es un ingeniero de la memoria”.
Antonio Ferreiro, anticuario de vasta experiencia, nos atiende solícito en Antigüedades Urbano, ubicada en Avenida de Portugal, 83: “Empezamos a trabajar en 1962. Mi padre fue quien fundó el negocio, en una época donde el mercado de las antigüedades era otra cosa. Ya hoy puedo decir que sostenernos ha sido más un acto de fe que de otra cosa. Aquí lo que la gente viene buscando es imágenes de santos, cristalería, cuencos de barro autóctono, o bien cosas de Ourense, publicidad hace 50 años. Yo Acabo de comprar ayer una de Chocolate Chaparro de los años sesenta. Siempre encuentro maravillas, pero esto, al contrario de lo que pudiera parecer, se trata de una actividad fiscalizada: cada compra conlleva un documento donde el propietario da fe de su procedencia, con su firma y una copia del DNI, porque aparte de la seriedad con que operamos, cada tres meses viene un inspector de la Policía Judicial, y se cerciora de que todo esté bajo el marco de la legalidad”.
A pesar de que el sector comercial tiene un nicho de clientes que buscan sensaciones estimulantes en el placer de atesorar objetos singulares, el gremio se enfrenta al desafío de unos ingresos demasiado inestables y exiguos. Para paliar este efecto, los anticuarios de Ourense se han organizado en un evento que se celebra el primer domingo de cada mes conocido como el Mercadillo de Antigüedades de la Plaza Mayor: Esta iniciativa les permite llegar a potenciales clientes, amantes de las rarezas de antaño. Pero el suceso anual para los anticuarios ourensanos es la Feria Internacional de Antigüedades Antiq Auria que desde el año 2019 se celebra en ExpoOurense, y que este 2025 sesionará entre el 28 y el 30 de noviembre. Es la ocasión para revitalizar una actividad económica y cultural, poco visible a gran escala, y que merece, por su importancia, un sonoro aplauso.
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