Manoly, la mercería que cerrará tras 60 años de carisma

CASCO VELLO

Esta tienda emblemática de Ourense, que ha vestido a bisabuelos y bisnietos, cerrará en dos meses, pero seguirá viva en Tesouro, la continuidad familiar de un negocio octogenario.

Publicado: 31 oct 2025 - 06:40 Actualizado: 31 oct 2025 - 11:39
Manuela, “Manoly” en la entrada de su mercería, referente de calidad y compromiso durante décadas.
Manuela, “Manoly” en la entrada de su mercería, referente de calidad y compromiso durante décadas. | La Región

El miércoles 31 de diciembre será el último día de servicio al público de Manoly, la mítica mercería que lleva seis décadas abasteciendo a varias generaciones de ourensanos en el Casco Vello. Cierra por jubilación, pero deja un relevo en medio de una barriada donde agoniza la actividad comercial, y cada año baja la persiana para siempre un número cada vez mayor de negocios.

Los orígenes

Manoly deja una huella de relieve sentimental en una clientela que va desde bisabuelos hasta bisnietos, mezclando la sabiduría comercial con el buen hacer y la solidaridad. Su propietaria, Manuela Tesouro Pérez, nos cuenta un poco de historia: “Este negocio lo fundaron mis padres hace 80 años en la calle Villar 18, con el nombre de “Tesouro”. Mi madre avanzaba con la tienda, mientras que mi papá iba a las ferias. Era una tienda pequeñita, y después poquito a poco la fueron aumentando con confecciones de señora y caballero, y al ver que ya tenían gente y tal, mi padre dejó las ferias. Yo, desde muy pequeñita viví en el negocio, me gustaba mucho, sobre todo hablar con la gente, de hecho, ya a los trece años ya despachaba. Luego, la mercería comenzó a crecer con la cantidad de clientes que llegaban, complacidos con la calidad de los productos y el buen trato. Y entonces, mi padre, que siempre quiso que yo fuese independiente, rentó un local pequeñito para que yo trabajara sola. Ahí fue cuando surgió como tal Manoly, claramente una derivación de mi nombre. Entonces ofrecía corsetería, sujetadores y braguitas. Estuve en ese local muchos años, hasta que lo tiró el ayuntamiento, y entonces me vine a este local, donde estoy desde hace 23 años, que lo cierro no por cuestiones económicas, sino porque ya es hora de tomarme un descanso”.

La edad dorada

La sobreabundancia de ofertas en grandes superficies, y luego las compras por internet (el 37,44% de los ourensanos económicamente activos compra por Amazon y otras plataformas) han sido un duro golpe para el mercado tradicional de mercerías que aún subsisten en la ciudad. Pese a este mazazo del imperio de la comodidad, los negocios de “toda la vida” sobreviven por el profundo entramado de lealtades de la clientela, siendo las confidencias y la buena conversación, dos anclajes que garantizan aún la confluencia.

Manoly, que no oculta a nadie sus 73 años, da testimonio de un tiempo pasado en que todo fue mejor: “La edad dorada la tuvimos nosotros en los años 70 y 80. Compraba mucha gente que venía de regreso a ver a los suyos, desde Madrid, Barcelona o el extranjero. Pero la diferencia la hicieron las “niñas de la zona” (hace un guiño cómplice). Eran nuestras mejores clientas, sobre todo de lo que era lencería. Venían con mucha educación a escoger sus modelitos, incluso con una discreción que yo llamaría ejemplar. Ya después esto se fue apagando, comenzó a jubilarse y a morir mucha gente. Solo sobrevivimos los que fuimos capaces de crear una clientela fiel, basada en la confianza decirle a alguien, “eso te gusta, pero no te favorece del todo, esto es lo que te queda bien”. Al final la gente va, más que donde tienen lo que necesitan, a donde se le escucha. Ni en un confesionario se oye lo que yo aquí en sesenta años”.

El relevo

Manoly, lejos de apagarse con el cese de su sede física en la calle Cervantes, se reinventa, fusionándose. Toda su mercadería pasará a Tesouro, la mercería llevada por la tercera generación de continuadores. Lo curioso es que se revitaliza reintegrándose al mismo sitio donde surgiera hace ocho décadas. Esto es, a pesar de los desafíos, un resultado del trabajo, y sesenta años de carisma de frente a un público que ya sabe a dónde dirigirse.

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