Antonio González, internista y ex jefe de Servicio de Medicina Interna de Vall d’Hebron: "La IA cambiará la medicina, no tiene sentido oponerse a ella"

FORO LA REGIÓN

Antonio González Fernández, internista y ex jefe de Servicio de Medicina Interna de Vall d’Hebron, lleva décadas defendiendo una atención que no pierda al paciente entre la creciente especialización. Sobre esa visión global, las pruebas innecesarias y el papel de la inteligencia artificial hablará este jueves en el Foro La Región a las 20,30 horas en el salón de actos de Afundación.

Antonio González Fernández
Antonio González Fernández | La Región

Antonio González Fernández (Mar del Plata, 1959), internista y ex jefe de Servicio de Medicina Interna de Vall d’Hebron, lleva décadas defendiendo una atención que no pierda al paciente entre la creciente especialización. Sobre esa visión global, las pruebas innecesarias y el papel de la inteligencia artificial hablará este jueves en el Foro La Región a las 20,30 horas en el salón de actos de Afundación.

Pregunta. ¿Corremos el riesgo de tratar muy bien las enfermedades pero perder de vista al paciente?

Respuesta. Sí. Es la evolución de los últimos 50 años. Los avances tecnológicos han hecho que cada especialidad necesite un grado de especialización enorme y, dentro de ellas, han aparecido incluso superespecialidades. El problema es que, a medida que uno sabe todo sobre una parte en específico, pierde inevitablemente visión del conjunto. Ahín es donde la Medicina Interna es donde está recuperando protagonismo, porque alguien tiene que poner orden.

P. Entonces, ¿el problema no es la especialización en sí, sino que falte alguien que tenga esa visión global?

R. Exactamente. Los especialistas hacen muy bien aquello a lo que se dedican, pero un mismo paciente puede tener problemas de varias áreas y las recomendaciones de unos y otros incluso pueden entrar en conflicto. Tiene que haber alguien que valore qué es lo mejor cuando se pone todo encima de la mesa.

P. Ahí entra el concepto de medicina hospitalista que usted defiende.

R. Es un concepto que nació en Estados Unidos en los años noventa. Lo que hicimos en Vall d’Hebron fue llevar ese modelo a gran escala. Incorporamos un internista a tiempo completo en cada servicio quirúrgico. Antes se le llamaba cuando surgía un problema. Si está allí cada día, puede anticiparse a ellos. Eso da más seguridad al paciente y supone un cambio de paradigma en el funcionamiento del hospital.

P. ¿Qué nota el paciente con ese cambio?

R. Que hay alguien pendiente de todos sus problemas médicos durante el ingreso, no únicamente de aquello por lo que ha sido operado. Se trata, sobre todo, de detectar antes las posibles complicaciones, lo que lleva inequívocamente a una mejor atención.

P. Cuando intervienen tantos profesionales, ¿existe el riesgo de que al final nadie sienta que el paciente es realmente suyo?

R. La responsabilidad principal sigue siendo del servicio donde está ingresado. El internista tan solo es un colaborador. Por eso hablamos de asistencia compartida. No queremos quitar protagonismo ni pacientes a nadie, sino ayudar a que esos enfermos evolucionen mejor.

P. ¿Existen egos entre los médicos?

R. Totalmente. Yo tuve algún servicio en el que inicialmente no pude entrar. Cuando pusimos en marcha el modelo, lo primero que hice fue hablar uno por uno con los jefes de servicio. Era algo apoyado por la dirección, pero no impuesto. Después me reunía con los miembros de cada servicio y les explicaba que el internista que iba a incorporarse no les quitaría ningún protagonismo y que el paciente seguiría siendo suyo. Una vez ven cómo funciona, los primeros defensores suelen ser los propios cirujanos, porque comprueban que sus pacientes van mejor.

P. Usted habla también de “medicina de alto valor”. ¿Qué es exactamente?

R. En medicina hacemos demasiadas cosas que no son útiles o que no son necesarias. Y eso supone molestias para los pacientes y también un aumento del coste de la atención sanitaria. En Estados Unidos hay incluso sesiones que se llaman “Things We Do for No Reason” (cosas que hacemos sin motivo) para analizar estos casos. Hay actuaciones que seguimos realizando por rutina aunque se haya demostrado que no aportan valor. La medicina de alto valor intenta evitar eso: ahorrarle problemas al paciente y darle más seguridad. Y también al médico, porque si dejas de hacer cosas inútiles disminuyen las posibilidades de equivocarte.

P. ¿Hacemos demasiadas pruebas?

R. Sí. Hay pruebas y actuaciones que están demostradas como innecesarias en determinadas circunstancias y que se siguen haciendo de rutina.

P. Otro de sus grandes temas es la inteligencia artificial.

R. La inteligencia artificial es una herramienta que tenemos y que tenemos que aprender a utilizar. Va a ser muy útil tanto para los médicos como para los pacientes. Hay ámbitos, especialmente todo lo relacionado con el análisis de imágenes, en los que está avanzando muchísimo. También en diagnóstico y predicción. Lo importante es no tener miedo. Cambiará algunas formas de trabajar y probablemente en determinadas tareas hagan falta menos profesionales, pero es una evolución tecnológica ante la que no tiene sentido ponerse en contra.

P. ¿Nos podemos fiar de los diagnósticos que haga una inteligencia artificial?

R. Sí. El problema es que las inteligencias artificiales generales trabajan con bases de datos sin filtrar, donde puede haber información falsa o no demostrada. Por eso pueden inventar respuestas. Pero ya existen herramientas médicas que utilizan únicamente fuentes y publicaciones contrastadas. En esos casos, lo que te dicen es de fiar. De momento, eso sí, el médico sigue siendo quien tiene que tomar la decisión final.

P. Y si la IA se equivoca, ¿quién es responsable?

R. De momento, la máquina no toma la decisión definitiva. Puede darte posibilidades o recomendaciones, pero el responsable es quien decide qué hacer. Ahora bien, llegará un momento en que tendremos que abordar también la responsabilidad de las empresas que desarrollan estas herramientas. Si una tecnología toma cada vez más decisiones, tendrá que existir también una responsabilidad detrás de quien la crea.

P. Y teniendo en cuenta todo lo que estamos hablando, ¿cómo se puede preservar la atención humana al paciente?

R. Precisamente, la inteligencia artificial puede ayudar en este aspecto. Ya existen programas capaces de escuchar la conversación entre el médico y el paciente, seleccionar lo importante y redactar la historia clínica. Así, el médico puede dedicarse a hablar con el paciente en lugar de estar pendiente de la pantalla y tecleando. Esta tecnología ya existe, lo que falta es incorporarla.

P. ¿Qué impide que herramientas así estén ya generalizadas en el sistema?

R. Por una parte, a los médicos también nos cuesta cambiar. Y, por otra, estas herramientas cuestan dinero. Pero a medida que estas tecnologías se integren, también serán más asequibles. Muchas de estas cosas no pertenecen al futuro, ya existen. El siguiente paso es incorporarlas de forma adecuada.

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