Antonio Salas en el Foro La Región: "las moléculas de una persona cambian al escuchar música"
USC
El catedrático de la USC repasó en Foro La Región los últimos avances en el campo de la Sensogenética y su aplicación
El doctor Antonio Salas fue el protagonista de Foro La Región. Catedrático de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), y miembro del Instituto de Medicina Legal (INCIFOR), abordó las últimas novedades en el campo de la genética y los factores que influyen en el desarrollo de ciertas dolencias.
Presentaba al ponente el doctor Roberto Fernández, director del instituto Ourensividad, médico de Atención Primaria en Allariz, y escritor de vocación; quien adelantaba el alto nivel que ha alcanzado la biomedicina en Galicia. “Hai moitos perfís que poderian fichar por universidades chinesas, pero prefiren permanecer en Galicia”, aseguraba Fernández, quien definía a Salas como “un cabaleiro da xenética que pode responder moitas preguntas sobre a sociedade”, en relación a sus estudios sobre el origen genético de los gallegos, su trabajo con el ADN de yacimientos arqueológicos o sus conocimientos de medicina forense.
¿Qué ocurre en nuestro ADN cuando escuchamos música? La pregunta realizada por el director de Ourensvidad fue el núcleo de la ponencia del doctor Salas, titulada “SensoGenoma en la era de la medicina personalizada”. La sesión adoptó la forma de una actividad interactiva donde, ante la audición de determinadas piezas, se pedía al público que expresara si le transmitían tristeza o alegría.
“Sociedades no expuestas a la cultura occidental arrojaron los mismo resultados sobre las emociones despertadas por la música, que acabó considerada un idioma universal"
“Los compositores saben lo que deben hacer para despertar determinadas emociones. No es algo aletorio, y se conoce desde hace miles de años”, explicaba Antonio Salas, dando paso después a una reflexión sobre cuánto de innato o de cultural hay en las emociones que la música despierta. “Sociedades no expuestas a la cultura occidental arrojaron los mismo resultados sobre las emociones despertadas por la música, que acabó considerada un idioma universal y omnipresente en todos lados”, continuó el catedrático, avanzando hacia la influencia que el oído tiene sobre nuestros ojos a la hora de interpretar lo que nos rodea, lo cual llevó a una revisión de cómo la música ha estado presente siempre en la historia humana.
Mente sobre cuerpo
El siguiente punto a abordar fue la plasticidad del cerebro, y cómo su entrenamiento influye en la anatomía y los músculos. A partir de ahí, Salas entró en su relación con las enfermedades neurológicas. “Imaginad una persona con parálisis cerebral que aprende a tocar el piano. La gimnasia cerebral que requiere produce beneficios. También en el Trastorno del Espectro Autista (TEA), es incluso más importante por la especial sensibilidad de quienes lo padecen al estímulo sonoro”, indicaba.
Una respuesta positiva al estímulo musical nos indica que hay moléculas que merecen la pena investigar"
La influencia de la música vertebra también a quienes padecen deterioro cognitivo, según Antonio Salas, ilustrando el médico su afirmación en múltiples ejemplos de personas con deterioro cognitivo que “despiertan” al escuchar música, tocar in instrumento o bailar.
“Siempre nos hemos preguntado la causa de esta relación, pero nunca lo habíamos intentado responder como hasta ahora”, incidía Salas, quien reducía las reacciones a la música hasta el nivel molecular. “Una respuesta positiva al estímulo musical nos indica que hay moléculas que merecen la pena investigar”, continuaba el catedrático, quien recordaba que “la música ha mitigado dolor y derribado muros”.
El proyecto que encabeza, SensoGenomics, va por el quinto año de desarrollo. Comenzó en 2022 con la idea de medir el impacto de la música sobre la expresión genética y cómo la moldea. “Era una idea rara en aquél momento”, decía Salas, “y ha sido muy interesante, porque cada uno expresa sus genes de una manera distinta. La idea de modular la expresión de los genes, una vez entendemos las reglas, parte de que todo el mundo entiende la música”, incidía el médico.
En ausencia de fámacos adecuados, es muy bueno el intentar abordar posibles tratamientos a partir de otros caminos"
A partir de ahí, pasaron a sus posibles aplicaciones en prevención y tratamiento de patologías, y el desarrollo de terapias no farmacológicas. “En ausencia de fámacos adecuados, es muy bueno el intentar abordar posibles tratamientos a partir de otros caminos”, matizaba a continuación Salas.
En su desempeño, contaron para el arranque con la Real Filharmonía de Galicia. “Fue un salto, porque nunca se había abordado el campo de la expresión génica o su influencia en la microbiota”, afirmaba el ponente. Desde que empezaron su proyecto, se han elaborado doce publicaciones científicas sobre la materia, todos del equipo de Antonio Salas. “Cada vez tenemos más preguntas, pero ya vamos contando con algunos datos”, comentaba el médico.
Sangre, saliva y lágrimas
Las experiencias del equipo de SensoGenomics se basan en la búsqueda de marcadores biométricos para “cuantificar en cada participante el efecto de la música”, tomando para ello muestras de sangre, lágrimas y saliva de los participantes. Partieron estudiando el deterioro cognitivo, y de ahí ampliaron el foco al autismo y a la salud mental. “Ahora mismo trabajamos con personas con carencias auditivas. Empleamos mochilas vibratorias para medir su reacción”, relataba Salas.
Las principales conclusiones fueron que la música no cambia el ADN, pero sí podría cambiar la manera en la que se expresa. “El ADN encierra las moléculas necesarias para que el ADN funcione, y lo hace de manera diferente en distintas partes del cuerpo, pese a que es lo mismo en la punta del pie o una célula muscular”. Esa diferencia de actuación en distintas partes del cuerpo, y cómo se puede influir en él es ahora su campo de trabajo.
La parte de la personalización radica en que “no hay dos personas que padezcan una enfermedad de la misma forma. Pero sí que es cierto que hay ciertos puntos comunes. También en la música hay diferentes disfrutes, pero también zonas comunes”. Esa “firma molecular” que se produce en una reacción a la música es ahora su objeto de estudio.
Como un panel LED
La medición de resultados es “como luces LED. Os aseguro que funciona”, prometía Antonio Salas a la hora de ilustrar sus investigaciones. “Cuando tratamos una persona, medimos su respuesta antes y después del estímulo musical. Reducimos las moléculas a un solo punto en el espacio. Y observamos que, antes y después las moléculas cambian”, explica.
Uno de sus mayores descubrimientos fue que, al escuchar música, los genes de un paciente de Alzheimer funcionan de forma compensatoria. “¿Hasta qué punto es beneficioso? Por ahora no lo sabemos”, comentaba el ponente.
Otra de las vías que abrieron sus experimentos fue seguir la hipótesis que relaciona el desarrollo del Alzheimer con determinadas infecciones en la boca. “A partir de las muestras de saliva, descubrimos que las bacterias, que responden al ambiente, reaccionan al impacto que la música produce en bioma oral, pero tampoco sabemos si es causa o efecto”, se lamentaba Salas.
Analizando dos grupos de dos años diferentes, “hemos detectado 14 proteínas comunes en ambos grupos, que no estaban presentes en un grupo no estimulado con música”.
En equipo
A partir de sus experimentos, el equipo de Antonio Salas ha empezado a colaborar con varias asociaciones de pacientes de distintas dolencias, lo cual permitirá ampliar aún más su base de estudios. “Ahora somos cientos de personas colaborando juntas”, concluía Antonio Salas, quien recordaba que todo esto “es en Galicia, no en Londres”.
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