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LAS MADAMITAS
La ciudad de Ourense volvió a latir este domingo con la celebración de San Lázaro, marcada por el sol radiante y un ambiente festivo que reunió a cientos de ourensanos en torno a tradición, pólvora y dulces. La jornada arrancó con la misa en la iglesia de Santo Domingo, a la que siguió la procesión de San Lázaro, que recorrió las calles entre devoción y expectación.
A medida que avanzaba la mañana, el parque de San Lázaro se fue llenando de familias enteras que aprovecharon el buen tiempo para disfrutar de un domingo al aire libre. No faltaron los cabezudos, que arrancaron sonrisas (y alguna carrera) entre los más pequeños, ni los puestos tradicionales de rosquillas, que convirtieron la zona en un hervidero de gente. “Vendemos mojadas, secas e intermedias, las de toda la vida”, explicaba uno de los feriantes, rodeado de clientes.
Estos dulces, imprescindibles en la cita, volvieron a ser protagonistas un año más. Aunque no siempre con final feliz. “Sempre nos quedan, a miña muller non as pode comer e sempre remato carretando con todo”, bromeaba un vecino entre risas, resignado a repetir un año más.
Entre los asistentes, muchos repetían año tras año. Es el caso de Esperanza, que lo resumía con naturalidad: “Vengo hace tantos años que no te podría decir hace cuantos”. Esa fidelidad se notaba en cada rincón de la celebración.
Una hora antes del espectáculo pirotécnico con la quema de las Madamitas, decenas de personas ya se agolpaban para coger sitio a los pies del monumento a los caídos. Algunos adolescentes, orgullosos de su ubicación privilegiada, lo tenían claro: “Estamos en grada VIP”, gritaban entre bromas.
El esperado espectáculo pirotécnico de las Madamitas estalló finalmente entre aplausos, júbilo y alegría. El estallido de petardos y el chisporroteo constante marcaron un ritmo vibrante que mantuvo en vilo al público, entre pasos medidos y explosiones controladas. El olor a pólvora y el humo envolvieron la escena, mientras algún niño se refugiaba entre los adultos ante el estruendo.
Una coreografía de fuego y costumbre que volvió a ser el gran reclamo de la jornada. Nada empañó el gozo general de una fiesta que, un año más, volvió a demostrar que en San Lázaro la tradición sigue muy viva.
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