LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO
Los escondites favoritos de los narcos: la caja fuerte bajo el asiento del coche
LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO
La carretera N-120 y la autovía A-52 a su paso por la provincia de Ourense conforman un nudo neurálgico en la cartografía del transporte clandestino de dinero o drogas: auténticas arterias de enlace entre las rías gallegas, la meseta y el norte de Portugal. Fue en ese corredor donde, sobre las diez de la mañana del 18 de noviembre de 2022, saltaron las alarmas policiales.
Una patrulla de Seguridad Ciudadana, con apoyo de agentes de Tráfico de la Guardia Civil de Ourense, detectó en el término municipal ourensano cómo un Peugeot 3008 realizaba una maniobra de circulación errática justo al abandonar una estación de servicio en la N-120. Aquella vacilación al incorporarse a la calzada motivó el alto inmediato.
A simple vista, nada delataba anomalías en el turismo. Sin embargo, la minuciosa inspección sobre el vehículo destapó que había sido transformado en una auténtica caja fuerte rodante. Camuflada en la estructura del chasis, bajo el asiento del conductor, se ocultaba una compuerta estanca accionada mediante un sofisticado mecanismo hidráulico. Al abrirse, dejaba al descubierto un habitáculo secreto excavado bajo el suelo de la cabina de pasajeros. Dentro no viajaba equipaje ordinario, sino cuatro fajos compactados de billetes que sumaban 215.000 euros en metálico.
En los engranajes del crimen organizado, el recurso a estas “caletas” o dobles fondos “ha dejado de ser una improvisación artesanal para convertirse en una disciplina de ingeniería logística”, según valoran fuentes policiales. Lejos de ser meros huecos practicados en la chapa, constituyen el escudo técnico al que recurren las redes de narcotráfico y blanqueo para sortear perros detectores, escáneres y controles rutinarios de carretera.
Detrás de cada coche modificado opera un entramado de talleres clandestinos capaces de alterar bastidores e integrar circuitos electrohidráulicos sin dejar huella visible en los acabados del habitáculo.
El hallazgo de aquel botín en la N-120 no fue fortuito, sino la pieza visible de una trama internacional que venía monitorizándose tras una alerta de la Policía Judiciaria portuguesa sobre una persunta red dedicada al transporte transfronterizo de estupefacientes en turismos trucados.
Las pesquisas conectaron los movimientos del transportista con bases logísticas en O Salnés, localizadas en Vilagarcía y Vilanova de Arousa. En los registros vinculados a la organización, los investigadores decomisaron teléfonos de gama alta, tres máquinas de contar billetes y un bloque de 840 gramos de cocaína con una pureza superior al 81 % -tasado en más de 91.000 euros-, junto a un desbalance financiero en las cuentas de la decina de investigados que superaba con creces cualquier ingreso lícito declarado.
El caso, además, ha abierto un insólito doble frente judicial contra el conductor. Por un lado, la vía administrativa ya le ha pasado factura: el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ratificó una multa de 107.500 euros impuesta por la Dirección General del Tesoro al castigar la infracción objetiva de transportar más de 100.000 euros en efectivo por territorio nacional sin la perceptiva declaración previa. En ese frente, los jueces ya tildaron de inverosímil la coartada de que el dinero procedía de un premio de lotería agraciado a su hermana años atrás en Cambados.
Por otro lado, la vía penal ha zanjado su fase instructora con igual contundencia. La Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha desestimado ahora los recursos de apelación y ha confirmado el auto de procesamiento por delitos contra la salud pública en grado de notoria importancia, pertenencia a organización criminal y blanqueo de capitales.
En su resolución, los magistrados desmontaron de plano las justificaciones de la defensa, que trató de rebajar los 215.000 euros a supuestos ahorros familiares derivados de una empresa de limpieza y máquinas aspiradoras.
Para el tribunal, la complejidad de la caleta hidráulica, la cocaína incautada en la vivienda de Vilanova de Arousa y los estrechos lazos con la red criminal neutralizan cualquier explicación doméstica, dejando al investigado a las puertas del banquillo de los acusados en el juicio oral.
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