El escritor ourensano Brais G. García: “Cuando escribo pongo siempre en el primer plano a mis lectores”

NOVELA SOCIAL

Brais G. García sorprende por su capacidad para construir mundos de ficción que dialogan con la realidad de los jóvenes ourensanos

Brais G. García con su libro en las cercanías del Puente Romano

El novelista Brais G. García (1994) ha vendido en Amazon más de un centenar de ejemplares de su novela “Veneno en los huesos”, primer volúmen de la saga narrativa “Pharmakos”, compuesta por cuatro entregas y ambientada en el Ourense contemporáneo. Actualmente trabaja en el sector ferroviario y estudia Filosofía en la UNED

Pregunta.  ¿Cuál es el argumento de “Veneno en los huesos”?

Respuesta. Biel tiene 17 años y es el primer verano que vive tras hacer pública su sexualidad. Es un punto donde experimenta una gran libertad, el hecho de sentirse por primera vez él mismo. Y en ese trecho conoce a Damián, un chico que no viene como él de una familia estructurada, sino de una familia disfuncional cuya realidad lo ha convertido en un ser manipulador y sin escrúpulos. Es entonces, sobre todo Biel, quien resulta arrastrado a una espiral de adicciones, violencia, y circunstancias difíciles de digerir. Por supuesto, cada personaje con un círculo de interacciones familiares y sociales que determinan en buena medida su comportamiento. Es una novela sin buenos ni malos, donde el rol de víctimas y victimarios alterna según las circunstancias, tal y como ocurre en la vida misma. 

P. Su proyecto narrativo tiene una profunda matriz simbólica…

R. Desde pequeño me apasionó la cultura griega, y así ojeando términos de griego clásico y leyendo obras ambientadas en el periodo helenístico, descubrí la palabra “Pharmakos”, cuya raíz rebasa su connotación contemporánea para remitirse a un antiguo ritual griego en el que se utilizaba un chivo expiatorio como sacrificio para ahuyentar a los malos espíritus, o convocar un mejor porvenir. Téngase en cuenta igualmente que esta es una palabra oxímoron que expresa la dualidad de veneno y antídoto a un mismo tiempo. 

P. ¿Cuánto de filósofo hay en el novelista que es usted?

R. Mucho, me considero en alguna medida un filósofo que escribe novelas, un pensador que emplea la ficción para llegar a más gente de las que podría llegar siendo un filósofo en el concepto puro de la palabra. Mi ejercicio narrativo está lleno de preguntas, y sobre todo de preocupaciones por cómo reaccionamos ante los estímulos y cambios de nuestro entorno, por cómo se expresa nuestra identidad al interactuar con todo lo que hay fuera. 

P. ¿Qué voces literarias considera usted que le han influenciado?

R. Tienes que leer mucho, absorber inteligentemente aquellas cosas que sientes que resuenan contigo, pasarlas por el tamiz de tu propia identidad. Y en ese sentido puedo decir que me han influido considerablemente “El amante” de Marguerite Duras, “El acontecimiento” de Annie Ernaux, “El mito de Sísifo” de Albert Camus, “Tengo miedo torero” de Pedro Lemebel. 

P. Su novela está ambientada en Ourense y Vigo…

R. A mí me interesa particularmente que mis lugares se conviertan en personajes, en voces complementarias que dicen a nivel simbólico lo que literariamente sería una sobrecarga si alguien lo intentara. La novela está hecha de esas dos ciudades. Locales como Down, After o Vagalume, juegan un papel decisivo en la liberación de los personajes, en sus adicciones, en la relación contradictoria que tienen consigo mismos. Si van a una plaza, esa plaza transmite, esa plaza aporta algo a la historia.

P.  ¿Estructuras previas o la espontaneidad del flujo creativo?

R.  Yo soy de mapas, necesito a la hora de escribir tener una sensación de dominio, porque en un proyecto narrativo abarcador como lo es “Pharmakos”, la planificación es vital. Hay cosas, que desarrollo a medias en el primer volumen, para luego desarrollarlas en toda su complejidad en el volumen tres.  

P. ¿Al escribir piensa en sus lectores? 

R. Para mí resulta muy importante tener en cuenta quién está al otro lado de la página; es una cuestión de respeto innegociable. Cuando escribo pongo siempre en primer plano a mis lectores, no en función de hacer concesiones banales ni de crear un relato complaciente, sino con el propósito de que aquello que escribo resuene en sus conciencias. 

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