Los expertos hablan sobre la calidad del aire en Ourense: “Se abusa del coche"

UVIGO Y CHUO

Expertos de la UVigo y el CHUO advierten del impacto directo del tráfico vehicular y la orografía de Ourense en el deterioro de la calidad del aire, alertando del grave riesgo para la salud que representan las partículas PM2,5 en una población envejecida

Juan Antonio Añel, catedrático de Física de la Tierra y Hugo Gómez, neumólogo del CHUO.
Juan Antonio Añel, catedrático de Física de la Tierra y Hugo Gómez, neumólogo del CHUO.

La alta dependencia del vehículo privado debido a la falta de un transporte público adecuado, sumada a la situación geográfica de Ourense en el fondo de un valle, dificulta la renovación de la atmósfera de la ciudad. Científicos y médicos urgen a expandir los sistemas de medición y a tomar conciencia sobre el peligro que representan las partículas finas, capaces de alcanzar el torrente sanguíneo y agravar patologías crónicas, especialmente entre la población de edad avanzada.

“Se abusa del coche porque no hay un buen transporte público”

El catedrático de Física de la Tierra de la UVigo, Juan Antonio Añel, señala que el tráfico rodado es el principal responsable de la elevada contaminación por partículas en Ourense, aunque advierte de que las características geográficas de la ciudad agravan el problema de manera estructural. “La calidad del aire en una ciudad como Ourense depende casi exclusivamente del tráfico de los motores de combustión”, afirma.

A su juicio, esa situación se ve favorecida por la elevada dependencia del vehículo privado, que no se ve aliviada por las decisiones políticas de la ciudad. “Hay muchísima gente que vive en las afueras y utiliza el coche para absolutamente todo porque no tenemos un transporte público adecuado”, sostiene.

Además, el investigador explica que la particular orografía de Ourense, incrustada en un valle, dificulta la renovación del aire. “La ciudad tiene un problema por cómo está y dónde está. Eso ayuda a que el aire no se renueve como ocurre en ciudades más llanas o que contengan salida al mar”, señala. A esta situación, suma determinadas decisiones urbanísticas que, en su opinión, tampoco favorecen la ventilación natural de la ciudad.

En todo caso, Añel llama a interpretar con cautela los datos recogidos de la estación de Eulogio Gómez Franqueira, la única de control de la calidad del aire actualmente operativa en la ciudad. “Ese valor es representativo solamente de ese punto, pero no del resto de Ourense”, explica. Por ello, defiende ampliar la red de medición con nuevos sensores repartidos por distintos barrios para obtener una imagen más fiel de la contaminación atmosférica en el conjunto del municipio.

“Las partículas más pequeñas pueden afectar a la sangre”

La contaminación atmosférica además de irritar las vías respiratorias puede agravar enfermedades crónicas e incluso aumentar el riesgo de patologías cardiovasculares. El neumólogo del CHUO, Hugo Gómez, advierte de que las partículas más finas, conocidas como PM2,5, son las que generan una mayor preocupación médica. “Son tan pequeñas que llegan hasta el alvéolo pulmonar y acceden al torrente sanguíneo”, explica. Esa capacidad hace que sus efectos vayan más allá del aparato respiratorio.

Según el especialista, la exposición a estas partículas puede provocar tos, fatiga o sensación de falta de aire. En pacientes con enfermedades previas, como asma, EPOC o fibrosis pulmonar, también incrementa el riesgo de crisis y empeoramientos. “Van a tener más problemas respiratorios, una enfermedad de base más grave y mayor riesgo de infecciones respiratorias”, resume.

A largo plazo, añade, distintos estudios han relacionado la exposición continuada con un mayor riesgo de cáncer de pulmón. Según el informe de Ecologistas en Acción, se estima que en la provincia el año pasado hubo 48 muertes provocadas de manera indirecta por la contaminación.

Gómez subraya que el impacto resulta más relevante en Ourense por el envejecimiento de la población. “Tenemos una de las poblaciones más envejecidas de Europa”, recuerda, una circunstancia que hace más vulnerables a los pacientes con patologías crónicas. Aunque insiste en que la ciudad no presenta los niveles de contaminación de las grandes ciudades españolas, sí advierte de episodios puntuales que deterioran la calidad del aire.

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