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ENTREVISTA
Fernando Lamelo Alfonsín (Ourense, 1963) sabe muy bien lo que es cuidar. Se formó en Maristas, estudió medicina en Santiago de Compostela y ha desarrollado toda su carrera profesional en A Coruña. Allí es jefe de servicio de Cuidados Paliativos y Hospitalización a Domicilio del CHUAC. Ahora, el colegio de médicos de la ciudad herculina le ha concedido la medalla de oro y brillantes.
Pregunta. ¿Cómo recibe este reconocimiento?
Respuesta. Para mí es un honor inimaginable y, sobre todo, una responsabilidad, porque quiero pensar que también represento al equipo con el que llevo tantos años trabajando.
P. ¿Este tipo de premios reconoce al médico o a una forma de entender la medicina?
R. No lo sé con certeza. Yo no soy investigador ni científico, soy un médico de a pie. Quiero pensar que se reconoce un comportamiento profesional y, en mi caso, también el trabajo de los últimos años, especialmente en la Unidad de Coordinación de Residencias.
P. Eso fue algo pionero.
R. En el inicio de la pandemia me pidieron que ayudase en las residencias. Aquello nos permitió ver de primera mano la situación y las necesidades. Meses después, se decidió dar continuidad al trabajo y crear formalmente la unidad, integrada en Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos. Hoy atendemos 76 centros con unas 4.300 personas y seguimos siendo un modelo bastante singular.
P. ¿Cómo vivió la pandemia?
R. Fue duro, nos enfrentábamos a algo desconocido. Me tocó ayudar a pacientes y también calmar a profesionales. Las jornadas eran muy largas. Miedo, sinceramente, no recuerdo haber tenido, quizá porque no había tiempo ni para pensar. Con el tiempo creo que tuve mucha suerte, porque no contraje covid hasta después de estar vacunado.
P. Se habló muy mal de la gestión de las residencias.
R. Creo que se ha criticado con demasiada facilidad. Yo vi profesionales muy comprometidos trabajando con pocos medios. El problema es estructural, la atención sanitaria en residencias no estaba bien organizada, y aún hay que mejorarla. Son pacientes del Sergas y deben tener los mismos derechos asistenciales.
P. ¿Qué queda por mejorar?
R. Mucho. El sistema tiene que ser más proactivo. Hay que llevar la sanidad a las residencias y dotarlas de más recursos. Si no avanzamos, nos puede volver a pasar algo similar.
P. ¿Qué diferencia hay entre atender en casa y en el hospital?
R. Para mí, entrar en la casa de un paciente es un privilegio. El enfermo, dentro de su dolencia, está mejor en su entorno. En su cama junto a su familia. Es una medicina más humana.
P. ¿Aprendió mucho en las domicilios de los pacientes?
R. Muchísimo. Aprendes el valor del sufrimiento humano. El hospital es necesario, pero es un entorno duro. Si podemos hacer las cosas en casa, debemos intentarlo.
P. ¿Se llega tarde a los cuidados paliativos en España?
R. En muchos casos, sí. Los cuidados paliativos deben empezar desde el diagnóstico de una enfermedad grave, no solo al final. Además, tenemos un reto enorme con la cronicidad, vivimos más años, pero no siempre con calidad de vida.
P. ¿Invertimos más en vivir más que en vivir mejor?
R. Es una reflexión necesaria. No todo es alargar la vida a cualquier precio. Debemos avanzar en documentos de voluntades anticipadas para evitar decisiones difíciles en el entorno familiar.
P. ¿Cómo valora la eutanasia?
R. Es un proceso legal muy garantista. Es un derecho solicitarla, pero requiere evaluación. No debe confundirse con la sedación paliativa. Son conceptos distintos que a veces se mezclan.
P. ¿Y se sienten cuidados ustedes?
R. Podríamos estar mejor cuidados, sobre todo a nivel emocional. Trabajamos en situaciones complejas y eso pasa factura. La sociedad en su conjunto debe reflexionar también sobre el respeto hacia los profesionales sanitarios.
P. Dice que recuerda a todos sus pacientes. ¿Es una carga?
R. No, es una suerte. Especialmente aquellos a los que acompañas al final de la vida dejan huella. Es un privilegio haber podido ayudarlos.
P. ¿Cómo gestiona emocionalmente ese trabajo?
R. No es fácil. Con la experiencia aprendes a hacerlo mejor, pero siempre impacta. Es fundamental apoyarse en el equipo y cuidarse. El desgaste en cuidados paliativos es alto y hay que atender también la salud mental del profesional.
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