Galería | El urbanismo de la ciudad contado por sus puertas
UNA VIDA DE COLECCIÓN (XXIX)
Las más antiguas son de madera y están por toda la ciudad incluidos los barrios de A Ponte y O Couto
Si hay coleccionistas de asientos y material del desaparecido avión Concorde, no sé porqué no se pueden coleccionar puertas, aunque sea en fotografía. En los tres últimos años la coleccionista, autora de esta serie, recorrió la ciudad fotografiando puertas de domicilios oficiales, privados, vacíos y habitados. La intención no era coleccionar, sino tratar de conservar estas puertas que nos cuentan la historia del urbanismo de la ciudad.
Las más antiguas son de madera y están por toda la ciudad incluidos los barrios de A Ponte y O Couto, el Casco Histórico y las calles del Paseo y Santo Domingo. Después vendría el hierro, casi todas en edificios del siglo XX y firmados por arquitectos como Reilen y Conde. Posteriormente el aluminio, material en el que desconozco porqué es difícil encontrar alguna bonita. Las más espectaculares están en edificios públicos y en los construidos por los almacenistas maragatos en los finales del IXX principios del XX algunos convertidos hoy en edificios públicos, es el caso del edificio Simeón y de la Diputación. Pero también las hay hermosas en viviendas sin pretensiones.
El Concorde fue un símbolo del futuro, del progreso y del ingenio humano. La mayoría de los elementos de mi colección son hermosos y algunos hasta exquisitos. Los cubiertos, los vasos y los abrecartas de Air France son magníficos y están inspirados en la forma del avión. Ahora que está fuera de servicio adquiere nuevo significado
Quedan puertas rurales de apertura por la mitad, quedan algunas con cancilla (tres o cuatro), las hay herméticas, cerradas totalmente al exterior, las hay con algún tipo de apertura para que entren la luz, el aire y la vida de la calle, para ver y ser visto. Con frecuencia tras estas puertas se esconden hermosos suelos y paredes de azulejo merecedores también de conservarse. En algunas destaca hasta el color en el que están pintadas aunque no siempre es el original.
Pocas están protegidas, lo que supone la obligación de restaurarlas y conservarlas pero eso solo sucede en edificios singulares, aunque aun así, no siempre se salvan. La mayoría, no menos bonitas e históricas, pueden desaparecer, y de echo desaparecen, a voluntad de su dueño. Protegerlas de los estúpidos que las llenan de grafitos sin sentido, ya es más difícil.
Es urgente que el Ayuntamiento las declare insustituibles ¡ya¡. La selección de cuáles publicar en este reportaje, entre las más de 300 recogidas, supuso una difícil elección. Todas lo merecen pero no caben.
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