Jornadas sin descanso en el piso de Bonhome: 4.000 euros al mes por cada chica

EXPLOTACIÓN SEXUAL

Hubo casos de hombres -los "loquitos" les llamaba Cristian- que permanecían hasta tres días

Una de las mujeres, en la habitación de Bonhome en la que trabajaba.
Una de las mujeres, en la habitación de Bonhome en la que trabajaba.

El piso de Bonhome en el que vivían las mujeres que se atrevieron a denunciar constaba de cuatro habitaciones y casi siempre estaban a pleno rendimiento, entre cuatro y siete inquilinas en continua rotación. A todas se les exigía total disponibilidad en el momento en que traspasaban el umbral de la puerta. Sin opción al descanso.

Las ganancias para el supuesto proxeneta provenían del sexo, con un porcentaje alto con la excusa de saldar la deuda contraída, pero también del atrezo: las sábanas, los preservativos y la cocaína que se le vendía a la clientela - “medio gramo a 40 euros”-, un plus que se ofertaba en una web de internet como “fiesta blanca”. Para ellas salía gratis porque así aguantaban más. Las mujeres relatan que cada una de ellas solía reportar unos 1.000 euros a la semana, unos 4.000 mensuales. La Policía aportó al juez una relación de 689 transacciones, por un total de 75.819 euros, en las que Cristian consta como beneficiario.

Tenían que estar disponibles a cualquier hora del día, tal como relataron en el juzgado, y dispuestas a un amplio catálogo de prácticas sexuales. Y el cliente tenía la última palabra al llegar, aunque se hubiera decantado ya por una mujer en concreto en la página de contactos en la que se anunciaban. Todas debían levantarse y exhibirse aunque llevasen muchas horas trabajando.

Mientras que la droga era el refugio tóxico para soportar las penurias físicas y psicológicas, a ellos les garantizaba bacanales sin horario. Una de las víctimas habla de hombres -clientes a los que Cristian denominaba “loquitos”- que permanecieron hasta tres días dentro del piso.

La Policía recoge en su atestado: “Cristian se aprovecha de la situación de vulnerabilidad de las chicas, lo que las obliga a aceptar todo lo que él les proponga, incluso un consumo desmesurado de droga que afecta a su salud”. Incluso había imposición de multas si no cumplían con sus condiciones unilaterales.

Las testigos aseguran que tenían limitados sus movimientos -solo iban a un supermercado cercano, pero no podían acudir a la peluquería o a pasear-, y el dueño del piso tenían cámaras en la vivienda para controlar lo qué sucedía allí dentro. “Las ganancias estaban sobre todas las cosas”, aseguran las denunciantes.

También hablan de la deuda contraída y que, aunque sabían a qué venían a España, ignoraban las condiciones reales con las que se iban a encontrar. Según declararon ante la Policía, “Cristian trae personas como turistas de Sudamérica porque las que están regulares traen más problemas”. Previamente, había una selección y “se les solicitaba fotos de cuerpo, cara, en ropa interior y de carácter sugerente para ver si las candidatas se ajustaban a lo que pedía”. Describen al presunto cabecilla de la red como una persona “violenta y agresiva que se echa sobre las chicas cuando no hacen lo que él quiere”, auque él se presentaba como “protector”.

Este tipo de grupos criminales socavan la autoestima hasta que las víctimas solo ven y respiran a través de la organización, con chantaje psicológico incluido.

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