Muere Luis Antonio Vázquez, el inefable “gentleman” de la librería Tanco de Ourense

OBITUARIO

Chicho Outeiriño despide a Luis Antonio Vázquez, cofundador de la Librería Tanco de Ourense, que murió a los 93 años

Escaparate de la librería Tanco
Escaparate de la librería Tanco

Acaba de morírsenos a los 93 quien inmortal nos parecía, como evocador de unos decursos tiempos en los que primaba el señorío en la vestimenta. El último portador de capa y pajarita de que uno tenga memoria acaso fuera Luis Antonio Vázquez Rodríguez, de esa generación exitosa de hermanos que una vez emigraron de a Baixa Limia para establecerse en esta ciudad donde notoriedad algunos en el comercio local de tejidos lograron, mientras otros, tales, el mismo Luis, Carlos, catedrático de filosofía y francés en el Otero Pedrayo de los que yo alumno por libre de este notable cofundador, con sus hermanos, de la librería Tanco, donde en su trastienda o rebotica se reunía la intelectualidad de entonces, que abarcaba también a los notables de las artes plásticas, lo que marca un antes y después de aquel santuario a los que a beber iban, sobre todo de las ediciones de Ruedo Ibérico.

Luis vivió todo aquello, incluso las amenazas de cierre de Tanco que siempre pendían por las ventas de la llamada literatura prohibida por el franquismo, con frecuentes visitas de las llamadas fuerzas del orden de aquel régimen, incluso las de policías de incógnito, enfrentadas en un primer envite por el asesor Antón Tovar, el poeta de “el tren y las cosas”, por los hermanos Gloría, Carlos, Rafael o el mismo Luis. Un prodigio mantener aquel negocio de la intelectualidad de izquierdas en aquellos tiempos gracias a una trastienda muy celosamente resguardada de intrusos donde Luis era la voz exterior que comunicaba y advertía de los eventos adversos de la calle. Luis alternaba sus negocios con la librería que a principios de siglo cederían a sus empleados Manolo, Moncho y Lola, los dos primeros comprarían la parte de ésta y Moncho, al fallecimiento de Manolo, la de sus herederos.

En la era acaso más esplendorosa del extinto Club de Tenis, a Luis le cupo ser presidente cuando funcionaba el club a todo marcha con las instalaciones de Ramirás: pazo, pistas de tenis, piscina, y toda la planta 16 de la Torre. Fueron épocas notables en lo deportivo, lo recreativo dentro de esa sociedad ourensana que el saber hacer de Luis Antonio mantuvo en lo más alto.

Tuve relación con Luis Antonio en el Club Tenis y en fortuitos encuentros por aquellas fronterizas tierras de a Baixa Limia cuando me hallaba inmerso en la Camiñada de Entrimo y él, nostálgico concurrente de sus natales tierras, como comensal en compañía de su inseparable Isabel Miranda. Echábamos una parrafada y rememorábamos algunas cosas y su vinculación familiar con la tierra, en Galez, de donde procedían sus mayores y él aún conservaba vinculación patrimonial de la que orgulloso

Luis, parecías un inmortal personaje de esos valleinclanescos, por lo externo de una vestimenta, que lucías como nadie. Atento con todos, con la palabra amable por ese cultivado roce con las gentes de pensamiento preclaro. Te paseabas por la ciudad con tu compañera de siempre, esa inseparable Isabel formando esa estampa de un Ourense periclitado pero que rememorativo allá donde os presentaseis. Creía yo en una inmortalidad que en cierto modo lograste en el imaginario de los que siempre te distinguimos por tu porte, maneras y la palabra adecuada.

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