Los principales accesos a Ourense, colapsados por obras o deteriorados: "Tiven que prescindir dunha traballadora"
SOCAVONES
El socavón de Pena Trevinca es el último golpe a los negocios, que no pueden funcionar con normalidad desde hace casi un año
La transformación urbanística pone a prueba la resistencia del tejido comercial ourensano. Después de diez meses de obras, tanto en la Avenida de Portugal como en O Vinteún, las tiendas y establecimientos deben levantar la persiana entre maquinaria pesada, vallas y zanjas, que impiden el aparcamiento de coches, y dificultan el acceso de los clientes. En el Casco Vello, las obras de larga duración son sustituídas por un goteo interminable de pequeñas reformas que impiden cada poco tiempo el funcionamiento normal de los comercios. Y la calle Pena Trevinca ha sido el último escenario en sumarse tras el hundimiento de la carretera a finales del pasado enero. Todo ello se traduce en pérdidas económicas, problemas de logística y aislamiento vecinal.
Se ha resentido el negocio, sobre todo en los desayunos”
En la Avenida de Portugal, los trabajos iniciados la pasada primavera han agotado la paciencia de los vecinos. La convivencia con el polvo y el barro dificulta el acceso a los locales, y la falta de aparcamiento imipide cargar compras, o simplemente tomar un café.
Yo pienso que esto no va a ser eterno. Esperemos que terminen como está previsto, en este mes, porque es incómodo para trabajar”
En el Casco Vello, el comercio parece sumido en el “Día de la Marmota”, y los continuos arreglos del firme han provocado cierta resignación entre los empresarios. Existe una sensación de costumbre ante unas obras que se suceden por etapas, manteniendo las calles en una provisionalidad constante.
Los autobuses que pasaban por Quintián hace más de un año que dejaron de pasar. Lo que supone para la gente mayor en un barrio como este es que queda incomunicada”
O Vinteún acusa sobre todo la ausencia de transporte público. La reurbanización de la calle Alejandro Pedrosa ha provocado la supresión de líneas de autobús, dejando incomunicados a los mayores que necesitan acudir al centro de salud. Los vehículos sufren averías por los escombros y la suciedad se acumula en los garajes. Los resultados son devastadores para el pequeño comercio, suponiendo un descenso de ventas de hasta el 50% en algunos casos.
Avenida de Portugal: "Aún nos consideramos medio afortunados, porque esta acera todavía no está reventada"
Los comerciantes de la Avenida de Portugal viven una situación compleja. Los trabajos de humanización de la calle, iniciados el pasado abril, se alargan sin fecha clara de finalización. El polvo, el barro y las vallas definen el paisaje diario y dificultan el acceso a los negocios. Antonio Fernández Alfonso señala que los vecinos apenas pueden caminar por las aceras cortadas. Esto provoca que la gente evite salir de casa y las ventas se resientan.
El farmacéutico Bruno Díaz confirma el agotamiento del sector. El entorno resulta incómodo para los peatones y el acceso a los garajes genera quejas continuas. Aunque entienden la necesidad de la reforma para mejorar la zona, la ejecución avanza muy despacio. David Freijedo, responsable de Carnicería Paco, apunta otro factor clave: la falta de aparcamiento. Los clientes procedentes de los pueblos cercanos han dejado de acudir por la dificultad para detener el vehículo y el miedo a transitar entre maquinaria.
La hostelería sufre especialmente durante las horas punta, donde la rotación de clientes es vital. Montse Domínguez, del Café Gráfico, explica cómo la falta de plazas afecta directamente a su facturación matinal: "Por la mañana, sobre todo a la hora de los desayunos muy temprano, sí se nota. La gente es de desayunar rápido, tiene que aparcar... la mayoría vienen de por ahí, entonces sí que se nota".
Los afectados piden celeridad. Solo les queda "ir tirando" y esperar a que la Avenida de Portugal recupere la normalidad tras meses de convivencia forzosa con las excavadora.
Alejandro Pedrosa: "Los autobuses que pasaban por Quintián hace más de un año que dejaron de pasar"
Los vecinos y comerciantes del barrio de O Vinteún afrontan una situación crítica debido a la reurbanización de la calle Alejandro Pedrosa. La larga duración de los trabajos ha modificado drásticamente la movilidad en la zona norte de la ciudad. El corte de vías y la supresión de zonas de estacionamiento han reducido el tráfico habitual, lo que impacta directamente en la economía local y en la vida diaria de los residentes.
El sector comercial reporta pérdidas significativas. Iván Parada, propietario de Carnicería O Rodicio, cifra la caída de facturación en casi un 50% respecto al año anterior. La falta de aparcamiento y la eliminación de la parada de autobús frente a su negocio le obligaron a reducir plantilla. Por su parte, Adrián Gil señala que la suciedad y los escombros provocan averías en los vehículos, como pinchazos por clavos, generando malestar entre los usuarios de los garajes afectados.
El problema principal radica en la desconexión del transporte público. La farmacéutica Laura León alerta sobre las consecuencias sociales para una población envejecida que necesita acceder al centro de salud. La orografía del terreno hace inviable que muchos mayores se desplacen a pie hasta las paradas activas más cercanas. León describe así la gravedad del escenario: "Está siendo terrorífico, porque llevamos muchísimo tiempo con obras. Los autobuses que pasaban por Quintián hace más de un año que dejaron de pasar. Lo que supone para la gente mayor en un barrio como este que queda totalmente incomunicada".
Casco Vello: "Estamos prácticamente cada poco con obras, pero bueno. Para hacer mejoras no queda otro remedio"
Para muchos negocios, la realidad no es una única gran obra, sino una sucesión de intervenciones que mantienen las calles en un estado de provisionalidad constante. Josefina Castro, propietaria de la Paragüería Benito, resume el sentir general con pragmatismo: en este entorno urbano parecen estar "prácticamente cada poco" conviviendo con la maquinaria. Aunque el ruido y el tránsito de camiones resultan molestos, la comerciante concluye que las mejoras son obligatorias y solo queda esperar.
El sector hostelero, habitualmente castigado por el polvo, ha encontrado un aliado inesperado en la meteorología. Constantino Iglesias, del restaurante Tizar, reconoce que la lluvia ha minimizado el impacto económico real, ya que el clima hubiese impedido de todas formas el uso de la terraza. Pese a la incomodidad de trabajar renovando el pavimento de piedra, mantiene una postura constructiva: "Todos tenemos que hacer un poco de esfuerzo para que esto al final quede bien. Hay que aguantar, porque no lo pueden hacer de otra forma".
Pena Trevinca: "Pudo haber sido una desgracia mayor"
El socavón aparecido en Peña Trevinca era, según los vecinos, un problema anunciado: desde noviembre habían alertado al Concello de una grieta circular compatible con un hundimiento bajo el asfalto, pero no se actuó hasta que las lluvias de la borrasca Joseph agravaron la situación. El resultado es un grave daño en la infraestructura vial que afectará al barrio durante meses, con desvíos de tráfico y transporte público, pérdida de aparcamientos y serias dificultades para la vida cotidiana. José Antonio, vecino de la zona, lamenta que “ya esto estaba informado” y advierte de que “pudo haber sido una desgracia mayor”, mientras expresa su preocupación por la falta de estacionamiento y las repercusiones a largo plazo.
Los testimonios coinciden en subrayar el impacto humano y económico. María Fernández alerta de que en la zona viven muchas personas mayores y con movilidad reducida y se pregunta cómo podrá acceder una ambulancia en una emergencia; Gerardo desconfía de los plazos oficiales y teme que los dos meses anunciados se conviertan en “seis o siete”. En el plano económico, José Carlos L. prevé una depreciación de su vivienda heredada, al quedar la calle “etiquetada como problemática”, y el hostelero Hassan denuncia que desde el martes no pueden entrar los proveedores, con menos clientes (en su mayoría mayores) y una caída clara de la actividad. Otros vecinos y comerciantes, como Hanoi Soto, Sergio Fernández o Raúl Aullón, resumen el sentir general: incertidumbre, problemas de movilidad y el reto de resistir como vecindario y como negocios mientras dure una situación que, coinciden, podría haberse evitado con prevención.
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