La Región
“¿Trajiste el periódico?”
Cada lunes, después del colegio, esperaba expectante la llegada de mi madre para robarle La Región. Se lo daban a diario en la consulta. Era el mejor momento de la semana.
Inmediatamente lo llevaba a mi habitación, lo abría por las páginas de resultados del fin de semana y comenzaba mi ficción. El año anterior los Reyes me habían traído un juego de figuras de fútbol que, desplegadas sobre un tapete con forma de campo, imitaban a las chapas. Los jugadores tenían imanes en la base y, apretando sobre sus cabezas, disparabas. Había visto el juego en casa de mi amigo Coe, o al menos eso recuerdo. El puente aéreo desde Sáenz Díez hasta las Mercedes era muy fácil de recorrer en aquel entonces para sus majestades.
Después de repartir el ejército de jugadores encima de la cama, con el periódico abierto a mi lado, pasaba a recrear los goles que se habían marcado durante el fin de semana. Pero no los de Primera División, o los de Segunda, o los de Segunda B. Ni siquiera los de ligas extranjeras. Aquel día salían todas las clasificaciones, desde la última liga ourensana. Y por ahí empezaba yo. Por el último grupo de tercera regional. La idea, cada semana, era llegar poco a poco hasta Primera. Pero nunca me daba tiempo, claro. Le acabé cogiendo cariño a aquellos equipos. Golaaazo del Bande, que remonta un 2-0 en Vilariño Frío para, más tarde, irse de vacío y perder 4-3. No tenía ni idea de cuál había sido el orden de los goles, ni por supuesto de los jugadores. Pero no importaba. Cuando eres niño no existen los imposibles. Solo necesitas unos padres que te permitan soñar.
Hay una escena de Modern family en la que Phil Dunhy pilla a su hijo chateando con la niña que le gusta. El pequeño, avergonzado al ver expuestos sus sentimientos por primera vez, cierra inmediatamente el ordenador y miente: “¡Estaba viendo porno!” Siempre me hizo muchísima gracia esa justificación, que él sentía menos embarazosa. Yo supongo que, como padre, es mejor encontrarte a tu hijo viendo porno que haciendo cosas raras, como recrear los goles del Soutopenedo. Pero no lo sé, claro. Ya os diré cuando me toque.
Mi madre me sacaba de aquel letargo con la mejor frase del mundo: ¡a cenar!
Y yo cerraba La Región hasta el lunes siguiente. Una manera diferente de ser lector desde pequeño.
Jaime Vázquez Alberte
(Castrelo de Miño)
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