OBRAS Y SOCAVONES
Ourense, la ciudad de las vallas infinitas
ÚLTIMOS QUIOSCOS DE LA CIUDAD
Para toda una generación -quizás sería mejor hablar de más de una- el quiosco ha estado siempre ligado a esos recuerdos de infancia, cuando uno recibía la paga de los domingos y, rápidamente, empezaba a hacer cuentas para saber cómo invertir ese dinero. En cosas asequibles, eso sí. Y eso es lo que ofrecía el quiosco: todo un abanico de posibilidades para llenar tu ocio en lo que restaba de esos interminables siete días. Desde el tebeo semanal, pasando por el chicle o las pipas para acompañar la película de sesión continua del cine próximo o los sobres sorpresa -ese gran invento que con el tiempo ha salido de los quioscos y que alguna marca de chocolates ha reconvertido en propio-.
Rosa Ferreiro, de 55 años -37 a pie de quiosco- regenta uno de los dos únicos que resisten aún a pie de calle en la ciudad -tras la desaparición del situado al lado del Santuario de Fátima o el que aún funcionaba hasta hace escasos meses frente a la Plaza de Abastos-. “Pasé primero 12 años en un quiosco frente al cuartel de San Francisco, donde el cementerio, y aquí, junto al Hospital, llevo 25; cambié con el siglo”, explica Rosa, mientras atiende a un cliente. Esta experimentada quiosquera logró la concesión en aquellos años 80 “por mi marido, que tenía una minusvalía. Ahora hace ya cuatro años que se jubiló y la licencia pasó a mí, ya solo quedamos dos quioscos en la ciudad, el otro está en avenida de Buenos Aires”.
Rosa, con casi cuatro décadas a pie de calle, reconoce que “los gustos han cambiado mucho”, desde aquellos tiempos en que “los niños venían a por los sobres sorpresa de entonces, que contenían desde un barco a un platillo volante para que tú lo montaras”.
Rosa Ferreiro, quiosquera durante 37 años, regenta uno de ellos al lado del CHUO
Y, por supuesto, “los tebeos, que venían todas las semanas a buscar su preferido, porque los coleccionaban”. Añade que “ahora todo eso ha cambiado mucho. Los niños y jóvenes de ahora ya solo piensan en el móvil -lo hacemos nosotros…-, no tienen las distracciones que había antes”.
A pesar de lo cual, Rosa Ferreiro matiza que hay un producto que, curiosamente, no sólo no ha decrecido en el interés de los compradores, sino que, incluso, ha crecido en este interés. Se trata de los cromos de colección.
“Eso sí, los niños siguen viniendo a por sus sobres de cromos de colección. La verdad es que eso es todo un bum. Es lo único que no ha cambiado, la pasión por los cromos”, confirma Rosa ferreiro.
“Lo que más vendemos son revistas y la prensa diaria, más elo segundo que lo primero”, añade.
Rosa sigue al frente de su quiosco, con una portada de un facsímil del “Action Comics” en el que aparecía por primera vez el mítico personaje de Supermán a su lado, una portada que retrotrar a los orígenes del tebeo, cuando quioscos como el suyo ocupaban un hueco casi en cada esquina de cada barrio de las ciudades, y de algunos pueblos, y convocaban a niños de todas las edades.
“Ahora ya no es como antes, no hay el movimiento de hace años, pero aquí seguimos, y para vivir sigue dando”, señala la veterana quiosquera, mientras atiende a uno de sus clientes que le pide el periódico del día.
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