Denuncias y denuncias

MUJERES

Publicado: 14 jun 2026 - 01:50
Opinión en La Región
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Hoy la que manda en cualquier país que se precie de sociedad moderna y avanzada es la burocracia. Con ella, por el bien de los ciudadanos, se les envuelve en papeles y firmas que van de vuelo en vuelo, como dice la canción. En una de las producciones de Chicho Ibáñez Serrador, incluida en “Historias para no dormir”, se hizo popular la frase predominante en ella que decía: “Por triplicado, por triplicado, por triplicado”. Había que presentar lo que fuera por triplicado, lo que resultaba un infierno para el pobre mortal que fuera.

Todo son firmas para dar, para pedir, para protestar, para conformar, para operar… La firma que era puntual para asuntos importantes, porque para casi todo bastaba con la palabra dada, ahora se prodiga de tal modo que no sirve para nada. Para y sobre la firma están los abogados, un sector al que afortunadamente nunca le falta trabajo. En las naciones más potentes los abogados lucen en todo su esplendor. Un ejemplo son los Estados Unidos. Si usted va en el coche, allí siempre se va en coche, verá a ambos lados de la carretera cientos de anuncios con el nombre y la fotografía de los defensores y asesores jurídicos, a elegir.

Pero de poco le sirvió el triunfo, a no ser la satisfacción propia de ver como el propio Dios fue declarado en rebeldía.

Y falta que hacen, porque a veces se tienen que encargar, por ejemplo, de una denuncia contra Dios, como la de Petty Penrose, que se querelló contra Él a consecuencia de que un rayo quemó su casa y todo lo que tenía. Al no tener seguro contra tales desgracias, ni a quien pedir cuentas y compensaciones por tales perdidas que la dejaron en la calle y con lo puesto, alzó los ojos en busca de quien había consentido la caída del rayo sobre su casa, y llegado a este punto, interpuso la curiosa y extraordinaria demanda. Sucedió en Phoenix, Arizona, Estados Unidos. El abogado y jefe de Betty se aprestó ayudarla y lo hizo tras encontrar un precedente en Sonoma, California. Louis Gottlieb, que dejó que en sus tierras se asentara una comunidad hippie que el Gobierno intentaba cerrar. Para evitarlo, Gottlieb, en 1969, transfirió su tierra a nombre de Dios como dueño y señor absoluto de la misma. ¿Pudo hacerlo? Pudo hacerlo. En Estados Unidos todo es posible.

No sabemos si Gottlieb ganó o no. Betty ganó, porque, claro, Dios no se presentó al juicio. Pero de poco le sirvió el triunfo, a no ser la satisfacción propia de ver como el propio Dios fue declarado en rebeldía.

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