El día después de la Superinteligencia

Publicado: 14 jun 2026 - 01:10
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En el Foro Económico Mundial de 2026, Demis Hassabis y Dario Amodei, los dos hombres que probablemente más saben sobre inteligencia artificial empresarial en el mundo, se sentaron a hablar con una franqueza poco habitual. La conversación se llamó “El día después de la AGI” y vale la pena tomársela en serio, porque ninguno de los dos habla en términos de ciencia ficción.

Amodei, fundador de Anthropic, dijo que para 2026 o 2027 tendremos modelos con capacidades de nivel Premio Nobel en múltiples campos. No especula: describe lo que ya ve en sus laboratorios, donde los ingenieros han dejado de escribir código y solo lo editan. Hassabis, más cauteloso por temperamento, mantiene un cincuenta por ciento de probabilidad para finales de esta década. Pero incluso su prudencia no oculta lo fundamental: la inteligencia artificial general no es una cuestión de si va a llegar, sino de cuándo. Y ese cuándo se mide en años, no en décadas.

Lo que más me impactó de la conversación no fue la tecnología. Fue el empleo. Amodei estima que en los próximos cinco años hasta la mitad de los trabajos de oficina de nivel inicial podrían desaparecer. No transformarse ni evolucionar. Desaparecer. Hassabis añade que ya este año veremos el impacto real en las prácticas y en los empleos de recién graduados. La escalera del desarrollo profesional, con sus peldaños de junior, semi-senior y senior, está siendo serrada desde abajo mientras debatimos si la IA es una oportunidad o una amenaza.

Los riesgos que menciona Amodei no son abstractos: sistemas autónomos descontrolados y tecnologías que podrían perfeccionar la opresión en manos equivocadas.

Dario Amodei introduce una metáfora que me parece muy certera: la humanidad está en su adolescencia tecnológica. Los adolescentes tienen poder sin madurez, capacidad sin sabiduría, impulso sin previsión. Pero hay algo más en esa comparación que vale la pena desarrollar: los adolescentes también tienen la tentación de creer que las reglas que existían antes no aplican a ellos, que su generación es diferente, que esta vez sí será distinto. Esa combinación de poder real y exceso de confianza es exactamente dónde estamos. Y estamos a punto de conseguir el equivalente tecnológico de las llaves del coche de papá. Los riesgos que menciona Amodei no son abstractos: sistemas autónomos descontrolados y tecnologías que podrían perfeccionar la opresión en manos equivocadas.

En Galicia hay una forma de mirar el horizonte antes de hacerse a la mar que no es indecisión sino inteligencia. El marinero que lee las corrientes antes de soltar las redes no lo hace por miedo: lo hace porque sabe que actuar antes de tiempo puede arruinar lo que llevaba meses preparando. Europa tiene esa oportunidad ahora: construir capacidad propia con valores propios, antes de que la urgencia lo imponga.

La pregunta más perturbadora de la conversación no tiene que ver con la tecnología. Tiene que ver con quienes somos cuando lo que hacemos deja de definirnos. Es la pregunta que llevamos décadas evitando porque la respuesta requería demasiado trabajo. La inteligencia artificial acaba de poner esa pregunta en el centro de la mesa. Y el reloj ya está en marcha.

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